Se llevó adelante el Ciclo de reuniones del Comité Evaluador de la 10ª edición del Sello de Buen Diseño argentino

Fuente: Argentina ~ El Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación a través de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y los Emprendedores distingue oficialmente todos los años a los productos de la industria nacional con el Sello Buen Diseño Argentino (SBD) que se destacan por su innovación, su calidad de diseño, su apuesta a la producción local y su posicionamiento en el mercado.

El programa está destinado a distinguir a aquellas Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPyMES) que realizan actividades en el campo de la innovación y el diseño, mediante la generación de productos diferenciados y competitivos.

La organización de la evaluación de los productos presentados por las empresas, se dividió en cinco grandes categorías y, a su vez, en mesas específicas de cada una de las subcategorías conformadas por expertas y expertos de todo el país para evaluar las 712 presentaciones de PyMEs de 22 provincias.

En esta ocasión, SBD contó con un comité evaluador que por primera vez se reunió de forma virtual, debido al contexto actual de pandemia, para dar su puntuación en cada proyecto. El ciclo de evaluaciones se desarrolló durante la última quincena de marzo. Se evaluaron proyectos de un total de cuatrocientos cincuenta empresas que se presentaron contemplando el grado de innovación, calidad, identidad y estrategia productiva y comercial.

Las mesas de evaluación virtual se conformaron por expertas y expertos según cada categoría:

Categoría productos para la industria y el transporte:
Alberto Morales (Gerente de Caehfa); Anabella Rondina (Diseñadora Industrial, Subsecretaría de Planificación Estratégica y Evaluación Institucional, FADU UBA); Sebastián Kossacoff (Vicepresidente del departamento de Ciencia, Tecnología e Innovación de UIA, Director ejecutivo de ADIMRA); Silvia Díaz Monnier (Directora técnica de electrónica INTI); Raquel Ariza (Diseñadora industrial- Directora técnica Industria 4.0- INTI); Juan Scolarici (Director de Innovación y Vinculación Tecnológica-UNLA) y Javier Viqueira (Vicepresidente Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (CADIEEL) Presidente de Adox SA); María Isabel Borghi (Presidenta Fundación CITEDER); Maximiliano Santandreu (Diseñador Industrial. Responsable del Centro de Servicios Industriales de ADIMRA Mar del Plata); Andrés Superbi (Responsable del área de Industria de la Gerencia de Promoción de Negocios Internacionales de la AAICI); Daniel Martinez Krahmer (Ingeniero Mecánico. Jefe del Departamento de Procesos de Mecanizado y Conformado, INTI SOMyL, Instituto Nacional de Tecnología Industrial); Marina Baima (Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación de Santa Fe) e Iván Longhini (Diseñador Industrial y docente en Universidad Nacional de Misiones, Universidad Nacional de Rafaela, Universidad Nacional de Avellaneda).

Categoría mobiliario y equipamiento:
Daniel Callegari (Diseñador Industrial. Co-director DIMO, Carrera de Especialización en Diseño de Mobiliario. FADU-UBA); Rodrigo Javier Ramírez (Diseñador industrial- Director Técnico del Centro de Diseño Industrial del INTI); Daniela Quintana (Diseñadora Industrial – Periodista especializada en diseño industrial); Gonzalo Rondinone (Director ejecutivo de FAIMA- Federación Argentina de la Industria Maderera y afines); Vivian Urfeig (Periodista especializada en diseño) y Pablo José Rodríguez (Diseñador industrial- Director carrera Diseño Industrial, UNRN); Gabriela Lopez (Diseñadora de interiores y Especialista en Sociología del diseño FADU-UBA – Miembro DARA- Diseñadores de interiores argentinos asociados); Jonny Gallardo (Director de la carrera de Especialización en Diseño de Muebles, DIMU. Profesor Titular, Universidad Nacional de Córdoba); Pablo Lorenzo (Consultor en Gestión y organización de sistemas productivos M&M); Julio Oropel (Arquitecto. Diseñadores de Interiores Argentinos Asociados) y Roxana Garbarini (Diseñadora Industrial. Coordinadora del Centro internacional de diseño del conocimiento Tomás Maldonado. SGCTeIP. Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación); Pedro Senar (Diseñador industrial. Coordinador de Producción y Tecnologías. Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat); Luciano Alem (Diseñador Industrial. Profesor Adjunto Facultad de Arquitectura y Diseño, FAUD. Jefe del Área de Diseño Editorial de la UNMdP, EUDEM); Patricia Esper (Coordinadora de Innovación Productiva y Modernización Tecnológica. Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación) y Camila Offenhenden (Diseñadora Industrial. Docente titular de las materias Laboratorio de Diseño 3 y 4 en la Licenciatura en Diseño de la Universidad Torcuato Di Tella, UTDT. Especializada en diseño de servicios e investigación de usuarios); Marco Sanguinetti (Diseñador Industrial- Profesor Titular Diseño Industrial 1 a 5 Fadu-UBA); Laura Toledo (Ingeniera Industrial. Directora Nacional Fondo Argentino Sectorial en Agencia I+D+i); Luisa Norbis (Divulgadora de diseño Mauricio Pellegrino Gerente de Promoción de Negocios Internacionales de la AAICI) y Nazareno Antúnez (Ingeniero Mecánico-Departamento de Procesos de Conformado y Mecanizado. INTI SOMyL).

Categoría productos para el hogar, oficina y recreación:
Dolores Delucchi (Diseñadora Industrial. Directora carrera de Diseño industrial FADU-UBA); Griselda Flesler (Diseñador gráfica. Profesora Titular y Coordinadora Unidad de Género FADU-UBA); Ladislao Zorrilla (Diseñador Industrial); Julián Benitez (Gerente de relaciones institucionales CAIJ, Cámara Argentina de la Industria del Juguete) y Ezequiel Tomás Wittner (Programador. Co-fundador de GEEKOUT, Portal del sector de juegos de mesa); Hugo Álvarez (Profesor titular FADU-UBA de la materia Gráfica para Productos);
José Francisco Rossetto (Diseñador Industrial. Secretario de Desarrollo Industrial y Comercial de la provincia de Jujuy) y Federico Agüero (Diseñador Industrial. Subsecretario de Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia de Buenos Aires); Mercedes Ceciaga (Diseñadora Industrial. Catedrática Titular en UNRaf Universidad Nacional de Rafaela); Mirta Laciar (Coordinadora Nacional del SGT 6-Ministerio de Ambiente); Juan Kaczan (Diseñador industrial. Gestor Tecnológico, SeCyT UNLa, Universidad de Lanús) y Gustavo Oscar Meijide (Director de Modelos y Diseños Industriales Instituto Nacional de la Propiedad Industrial, INPI).

Categoría indumentaria, calzado y accesorios:
Alejandra Gougy (Coordinadora AMSOAR, Asociación de Moda Sostenible Argentina); Marisa Camargo (Directora Carrera de Diseño Textil en UBA-FADU); Maria Veronica Fourcade (Diseñadora de Indumentaria y textil. Coordinadora Académica del programa CRECER de la Federación Argentina de la Industria de la Indumentaria y Afines FAIIA); Eugenia Aryan (Diseñadora de indumentaria. Directora del Programa de Actualización de Posgrado: Diseño de Indumentaria Deportiva, FADU-UBA); Laura Grisel Reynés Abregú (Directora de la carrera de Diseño de Indumentaria. Profesora Titular Regular de la asignatura Medios Expresivos 1 y 2 de las carreras de Diseño de Indumentaria y Diseño Textil en FADU-UBA) y Florencia Elena Antonini (Diseñadora de comunicación visual. Pro secretaria Académica de Diseño. Universidad Nacional Noroeste Buenos Aires. UNNOBA); Alba Duarte Miranda (Técnica en fabricación de calzado, CEFOTECA, INTI); Federico Gastón Urbaneja (Diseñador industrial. Docente Investigador Adjunto UNLa); Mariana Marrari (Diseñadora textil. Asesora externa de INTI); Silvia Barretto (Diseñadora de indumentaria. Profesora Titular FADU-UBA) y Laura Barabas (Gerente CIC, Cámara de la Industria del Calzado); Alejandrina Vigna (Diseñadora gráfica. Jefa de departamento Diseño Industrial); Maria Victoria Salias (Diseñadores de indumentaria. Directora Museo de Historia del traje); Patricia Roberta Cavanagh (Diseñadora de Indumentaria y textil. Profesor Titular de la verticalidad del Taller de Diseño de Indumentaria y Textil. Universidad Nacional Noroeste Buenos Aires UNNOBA) y Marcela L Fibbiani (Directora Revista 90+10); María Celeste Nasimbera (Directora en Crónicas de moda y Editora digital L’Officiel Argentina); Sebastián Rodríguez (Diseñador de indumentaria. Miembro Observatorio de Tendencias INTI); Bárbara Villena (Responsable del área de Industrias Creativas de la Gerencia de Promoción de Negocios Internacionales de la AAICI); Natalia Nupieri (Diseñadora de Indumentaria. Miembro observatorio de tendencias INTI) y Fernando Gomez Dossena (Editor jefe de Marie Claire Argentina).

Categoría comunicación estratégica:
Germán Lang (Coordinador del Sector Diseño de la Dirección Nacional de Economía Creativa, Secretaría de desarrollo cultural. Ministerio de Cultura de la Nación); Diego Garcia Diaz (Diseñador gráfico. Director de la carrera Diseño gráfico FADU-UBA); Lucrecia Piattelli (Diseñadora audiovisual. Directora de las Carreras de Diseño. Universidad Nacional de Avellaneda, UNDAV) y Wustavo Quiroga (Diseñador Industrial. Director Fundación IDA, Fundación Investigación en Diseño Argentino); Carlos Venancio (Diseñador gráfico. Vicedecano FADU-UBA); Laura Beatriz Torres (Diseñadora industrial. Dirección de Grupo de Carreras de Proyectos de Diseño, UNCUYO); Martín Gorricho (Diseñador gráfico); Mariela Secchi (Diseñadora gráfica integrante del Departamento de Experiencia de Usuario de INTI) y Monica Pujol Romero (Diseñadora gráfica. Secretaria de Gestión Institucional DISUR); Alejandro Tumas (Diseñador gráfico. Referente sectorial de infografía); Carlos Carpintero (Diseñador gráfico. Profesor FADU UBA, UNLa); Florencia Fole (Vocal de la Comisión Directiva de Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Argentinos, ADVA); Alejandro Iparraguirre (Coordinador de videojuegos, Dirección de Industrias Culturales, Secretaría de Desarrollo Cultural, en Ministerio de Cultura de Nación) y José Scaglione (Diseñador gráfico. Typetogether. Fundidora digital Victoria Diaz Diseñadora Industrial. Responsable del Departamento de Experiencia de Usuario- INTI).

Como resultado, la Subsecretaría editará un catálogo que se podrá descargar de la página de Sello Buen Diseño argentino donde se presentan los más de 330 proyectos que obtuvieron la distinción en la 10ª edición.

¿Qué hay que tener en cuenta para comprar seguro en el Hot Sale?

Fuente: IProfesional ~ La Dirección Nacional de Defensa del Consumidor impuso multas por un total de $43,7 millones por infracciones en el Hot Sale y el Cyber Monday de 2020

Con motivo de las jornadas de ventas del Hot Sale, que se desarrollarán el 10, 11 y 12 de mayo, la Secretaría de Comercio Interior de la Nación, a través de la Subsecretaría de Acciones para la Defensa de las y los Consumidores elaboró una serie de recomendaciones para efectuar las operaciones con seguridad y hacer valer los derechos de quienes concreten sus compras.

La secretaria de Comercio Interior, Paula Español aseguró: “El comercio electrónico es un sector que crece año a año y en 2020, en el contexto de las medidas sanitarias, se ha vuelto una herramienta fundamental que han incorporado muchos argentinos y argentinas para acceder a bienes y servicios. Desde la Secretaría trabajamos para defender los derechos que tenemos como consumidores y consumidoras y brindar información para realizar las compras de manera segura”.

La Dirección Nacional de Defensa del Consumidor tomó un rol activo durante este tipo de eventos para prevenir y sancionar a las empresas en los casos en que brinden información errónea o engañosa respecto a las ofertas presentadas. A partir de este trabajo, hasta el momento, se impusieron multas por un total de $43,7 millones por infracciones durante el Hot Sale y el Cyber Monday de 2020.

Una vez decidida la compra, es importante leer toda la información de la publicación, inclusive la letra chica

Por rubro, las sanciones se distribuyeron en $5 millones en telecomunicaciones, $16,1 millones en electrodomésticos y productos para el hogar, $5 millones en turismo, $5 millones en supermercados, $8,1 millones en indumentaria y $4,5 millones en otras categorías.

En el marco del próximo evento, estas son algunas recomendaciones a tener en cuenta antes, durante y después de realizar la compra por internet y lo que deben saber las y los consumidores sobre sus derechos.

Antes de la compra

– Verificar que las páginas web donde se quiere comprar sean seguras. Para identificarlas, la dirección del sitio debe comenzar con https://

– En internet hay infinidad de ofertas de bienes y servicios, por eso es muy importante investigar previamente, buscar referencias, comparar precios y la relación precio/calidad/cantidad.

– Conocer los datos del vendedor o la empresa le aporta mayor seguridad a la compra y sirven para reclamar en caso de tener algún problema.

Durante la compra

– Una vez decidida la compra, es importante leer toda la información de la publicación, inclusive la letra chica.

– Durante estas fechas suele haber diferentes tipos de promociones. Si dice “Promoción válida hasta agotar stock” o “Cantidades limitadas”, tienen que informar las unidades disponibles. Si ofrecen un descuento, se debe aclarar el precio anterior. En caso del 2×1, aclarar el precio unitario.

Al momento del pago no puede haber diferencias de precio entre efectivo, débito y crédito en un pago

– Las empresas tienen que informar de forma clara toda la información sobre el envío: quién lo realiza, cuál es el costo, cuál es el plazo de entrega.

– Al momento del pago, . Al realizar el pago con tarjeta de crédito, observar las opciones de cuotas disponibles, si tienen o no intereses y cuál es el porcentaje de interés.

Después de la compra

– Una vez concretada la compra, el proveedor debe enviar la factura electrónica o el comprobante de pago.

– El plazo de entrega forma parte de la oferta y debe ser respetado. La empresa debe brindar un número de seguimiento sobre el envío y darte correcta atención a tus consultas.

– Todos los productos tienen una garantía legal. Si el producto es nuevo, es de 6 meses, y si es usado de 3. El proveedor puede ofrecer un plazo mayor, pero no menor al que establece la ley.

– Si se realiza la compra por internet, el comprador tiene un plazo de 10 días desde que recibe el producto para arrepentirse de la compra. La empresa debe tener el botón de arrepentimiento de forma visible en su página web.

Reclamos

– Ante algún inconveniente con la compra se puede reclamar.

– El proveedor directo y la plataforma electrónica de venta deben recibir los reclamos, dar un trato respetuoso sin discriminaciones ni malas formas, y ofrecer soluciones.

– Si el consumidor no se está conforme con la respuesta de la empresa, puede ingresar su reclamo a través de la Dirección Nacional de Defensa de las y los consumidores en la web https://www.argentina.gob.ar/produccion/defensadelconsumidor/formulario

¿Cómo encontrar las mejores ofertas?

A partir de este lunes 10 de mayo y durante los siguientes dos días, tendrá lugar una nueva edición de Hot Sale, el evento de compras online más importante del país, con la participación de cientos de empresas y organizado por la Cámara Argentina de Comercio Electrónico.

El objetivo de esta fecha especial es seguir fortaleciendo la industria y brindarles a los usuarios la posibilidad de comprar online desde casa, con descuentos y opciones de financiamiento en productos de 13 categorías.

Durante el evento, las marcas deben cumplir con un mínimo descuento que es el que propone la CACE en los términos y condiciones a todos los participantes. Como explicó Gustavo Sambucetti, Director Institucional de CACE a iProfesional, este descuento base “es un 10% sobre el precio regular o un 5% más cuotas sin interés”. 

Sin embargo, y más allá de ese mínimo, las marcas suelen lanzar descuentos más atractivos. Además, durante el Hot Sale hay ofertas especiales a determinadas horas del evento. Este año no será la excepción y estarán presentes también las MegaOfertas Bomba y Horas sorpresa.

Para que comiences a tomar nota y vayas organizando tus compras, te dejamos los horarios en los que sucederán estas ofertas:

MegaOfertas Bomba: Se realizará una vez por día, durante los tres días de evento y serán descuentos especiales en varias categorías. Las MegaOfertas Bomba estarán disponibles sólo por una hora y/o hasta agotar stock y serán ofertas superadoras que se encontrarán en la web durante el 10, 11 y 12 entre las 12 y las 13 hs.

Horas Sorpresa: Integrarán ofertas agrupadas por categorías. Las mismas tendrán una hora de duración y aparecerán durante distintos momentos del día. El evento contará con una Horas Sorpresas por categoría y las podrán encontrar en la web oficial del evento 4 veces al día.

Durante el Hot Sale habrá

Durante el Hot Sale 2021 habrá MegaOfertas Bomba y Horas sorpresa con descuentos y beneficios exclusivos

Lunes 10

  • Electro y Tecno: de 09 a 10hs
  • Emprendedores: de 14 a 15hs
  • Automotriz: de 16 a 17hs
  • Viajes: de 18 a 19hs

Martes 11

  • Bebés y Niños: de 09 a 10 hs
  • Muebles, Hogar y Deco: de 14 a 15hs
  • Cosmética y Belleza: de 16 a 17hs
  • Servicios: de 18 a 19hs

Miércoles 12

  • Indumentaria y Calzado: de 09 a 10hs
  • Deportes y Fitness: de 14 a 15hs
  • Varios: de 16 a 17hs
  • Alimentos y Bebidas: de 18 a 19hs

Para no llegar tarde y acordarse de cada una de estas ofertas especiales, el director institucional de la CACE hace cuatro recomendaciones para los usuarios

1. Entrar en www.hotsale.com.ar, registrarse y recibir notificaciones anticipando estas horas. 

2. Revisar los productos que tienen pensado comprar como para ver cual es el precio de referencia y así, poder detectar rápidamente las oportunidades.

3. Si tienen pensado comprar productos de alto ticket, chequear con el banco el límite de la tarjeta de crédito y avisar del movimiento, para que este no lo detecte como una irregularidad, y lleve a perder una buena oportunidad de compra en el ida y vuelta.

4. A la hora de comprar, ingresar al evento a través de la página oficial.

¿Cuáles son las categorías presentes en el Hot Sale 2021?

Luego de un evento muy particular, en pleno año de pandemia, y donde la gente comenzaba a tomar nuevos hábitos, la configuración de las categorías y empresas participantes también se modificó.

Quienes sobresalían en la mayoría de los eventos, no lo hicieron durante el 2020, y por el contrario, otros tomaron los primeros lugares y tuvieron ventas inigualables.

Al día de hoy, entre las 13 categorías en las que se dividen las empresas participantes se destacan hogar, electro y cosmética con más de 100 empresas inscriptas en cada una y con un crecimiento de entre el 40% y 60% en cantidad de participantes respecto de la edición anterior.

Las categorías son:

1. Electro y tecno

2. Viajes

3. Muebles, hogar y deco

4. Indumentaria y calzado

5. Deportes y Fitness

6. Alimentos y bebidas

7. Cosmética y belleza

8. Bebes y niños

9. Automotriz

10. Varios

11. Emprendedores

12. Servicios

13. Solidaridad

Además, más de 200 empresas de indumentaria preparan sus ofertas y la categoría alimentos y bebidas presenta un crecimiento del 50% entre ediciones y su variedad de opciones de productos de compra cotidiana para un usuario que aprovecha el evento también para evaluar este tipo de oportunidades.

La sorpresa de esta nueva edición, es que se suman dos nuevas categorías, emprendedores y servicios, que con más de 30 empresas inscriptas ya demuestran una tendencia al crecimiento en la adopción del comercio electrónico en estos rubros.

“Desde CACE organizamos este tipo de eventos donde empresas de todo el país tienen la oportunidad de impulsar sus ventas y alcanzar a nuevos usuarios. Este año, contamos con la incorporación de las nuevas categorías Emprendedores y Servicios. De esta manera, CACE busca dar apoyo a estos sectores para impulsar su desarrollo digital”, sostuvo Gustavo Sambucetti, Director Institucional de CACE.

¿Quién hace tu ropa? La confección bajo la lupa

Fuente> Revista Noticias – La industria de la indumentaria representa una actividad emblemática en el mundo y en nuestro país. Junto a la industria textil, a la que se halla productiva e históricamente vinculada, ha sido simultáneamente una de las fundantes de la revolución tecnológica y económica operada en Europa en el SXIX, y un símbolo de las luchas obreras como la de aquel 8 de marzo de 1857 en que las mujeres costureras de New York pasaron a la historia luego de una brutal represión policial. Es además una industria con sus propios mártires, como las casi 150 trabajadoras (casi todas mujeres inmigrantes) que en 1911 murieron bajo fuego en la “Triangle Shirtwaist” neoyorkina; las más de 1.100 que perecieron en el derrumbe de Rana Plaza en Bangladesh en 2013 o los 6 niños y mujeres del taller de calle Viale que fallecieron en Caballito (Buenos Aires) en 2006.

En Argentina la industria de confección es además, un emblema de los problemas estructurales de la industria nacional y también del ascenso y el fracaso de las políticas públicas en cada uno de sus recurrentes ciclos económicos. Desde las máquinas de coser distribuidas por la Fundación Eva Perón hasta los actuales talleres clandestinos, oscilando entre la sustitución de importaciones y las periódicas aperturas comerciales liberalizadoras, los distintos actores productivos y el Estado han conducido a esta actividad hasta la situación presente: una industria fragmentada, deslocalizada y en vilo frente a la competencia internacional, que emplea a unos 150.000 trabajadores (la industria que genera más puestos laborales), de los cuales aproximadamente un 70% son trabajadores o emprendedores informales con trabajos de baja calidad.

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Si bien las condiciones de trabajo de quienes hacen nuestra ropa suelen emerger esporádicamente en la agenda pública en forma de hechos aislados y con culpables directos identificables, la realidad es mucho más compleja y estructural, extendiéndose a todos los segmentos de la industria. Así es posible reconocer, por ejemplo, como una constante del sector sus altos niveles de intensidad laboral, con largas jornadas (a veces de más de 12 horas) y alta presión para producir, en particular en los meses de mayor demanda. Lo demuestran por ejemplo los estudios de Ariel Lieutier y Carla Degliantoni (2020) y Paula Salgado (2020) estimando que en los talleres “formales” sólo 60% de los trabajadores tienen una jornada laboral normal, mientras que entre los no registrados esto sucede sólo para el 30% de los costureros (razón por la cual suele denominarse a estas unidades productivas como “talleres del sudor”).

Desde el punto de vista de los ingresos, el salario básico del sector formal se ubica siempre en el país entre los dos más bajos de la industria, representando apenas un 60% del promedio industrial. Esta cifra es menor para los trabajadores no registrados lo que genera que aproximadamente la mitad tengan ingresos inferiores al salario mínimo. Esto se relaciona a su vez con la forma de efectuar el pago, ya que usualmente implica el trabajo a destajo, y en situaciones extremas, como lo señala la investigación de Ayelén Arcos (2020), la retribución se hace con vales o especies, e incluso a cuenta de brindar alojamiento y servicios.

A todo esto hay que agregar otras condiciones laborales vinculadas a la salud y la seguridad, como las señaladas por Antonella Delmonte (2020): mala iluminación, equipamiento no ergonómico que con el tiempo genera problemas en la columna y las extremidades, cableados eléctricos en malas condiciones, hacinamiento y ausencia de medidas para prevenir y apagar incendios.

Todas estas situaciones se ven facilitadas por estar inmersas en una trama productiva conformada por complejas redes de subcontratación. Las marcas, verdaderos fabricantes sin fábricas, apelan a la tercerización laboral como herramienta que apunta a debilitar a los trabajadores del sector para poder así reducir costos de contratación. Se han relevado casos de empresas con más de 40 proveedores directos, los que a su vez, suelen derivar parte de su producción a talleres más pequeños o costureros domiciliarios. Tanto la Ley de Contrato de Trabajo (20.744) como la ley de Trabajo a Domicilio (12.713) que constituyen garantías mínimas a los derechos laborales, se vuelven así de difícil aplicación para identificar y sancionar a los máximos responsables de la informalidad y de las condiciones de trabajo -y de vida- en los “talleres clandestinos”. Más aún, desde las denuncias penales iniciadas por el incendio del taller de la calle Viale, las cámaras empresariales insisten en la necesidad de “aggiornar esta ley a la realidad actual”, lo que en la práctica implicaría desligarse totalmente de la responsabilidad por las condiciones de trabajo en los talleres y fábricas a los que subcontratan.

El tema aumenta su relevancia además, frente a la existencia de recientes iniciativas (como las de la gestión nacional 2015-2019) que relajaron los controles a la informalidad, que intentaron utilizar a este sector como laboratorio de políticas de flexibilización laboral (como el banco de horas y el fondo de desempleo) y que entendieron que una mayor formalización de la mano de obra sólo se lograría a través de la disminución de los costos laborales y la legitimación de las condiciones aquí resumidas.

Si bien esta problemática ha atraído la atención de distintos especialistas, diseñadores de política y académicos, puede decirse que el sector no ha recibido una atención proporcional a su relevancia, y que los conocimientos sobre esta industria son parciales y fragmentarios. En primer lugar, porque tanto los estudios realizados a partir de información estadística agregada como las investigaciones cualitativas, no permiten entender las vinculaciones que se dan entre todos los fenómenos analizados y pensarlos de modo estructural. De hecho, al partir de diferentes fuentes de información, con frecuencia llevan a conclusiones divergentes. En segundo lugar, porque los análisis y el debate público se caracterizan por un marcado sesgo entre quienes promueven la apertura comercial y quienes recomiendan la protección del mercado interno. Los primeros consideran que esta industria es inviable en su estado actual, y que precisa entonces de una profunda reconversión, sin explicar qué debe hacerse con los cientos de miles de puestos de trabajo que hoy se ocupan. Los segundos, en cambio, no logran explicar cómo luego de una década de políticas activas, las mejoras en el nivel de actividad, la generación de valor y la recuperación del empleo asalariado no han sido suficientes para modificar las cifras de empleo no registrado, la baja calidad de los puestos de trabajo y la desigualdad de una cadena productiva en la que conviven el mundo glamoroso de la moda con la clandestinidad y la reducción a la servidumbre.

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La dimensión de todos estos problemas citados y su larga trayectoria acumulativa no admiten análisis simplistas, ni tampoco el ocultamiento de las contradicciones en las que habitualmente se incurre en los discursos sobre el sector. Si se quieren elaborar respuestas para estos complejos problemas que tiene la actividad, se hace necesario explorar por tanto las múltiples dimensiones que atraviesan su trama de actores, relaciones y procesos y trascender las perspectivas de corto plazo para reflexionar sobre las problemáticas estructurales que atraviesan a nuestro desarrollo industrial.

Cómo funciona la industria de la confección

La industria de indumentaria está marcada por una fuerte prociclicidad, lo que la vuelve extremadamente dependiente de la evolución de la demanda agregada, sufriendo como pocas las caídas en el consumo que han caracterizado a distintos períodos recesivos como el que se dio entre los años 1996- 2002, o entre 2015-2019. El “habitus” (disposiciones) desarrollado por los agentes económicos a lo largo de esta cambiante historia productiva, sumada a la estructura “flexible” de la cadena, explica que en estas situaciones los empresarios encuentren mayores incentivos y oportunidades para reemplazar la mano de obra local por la importación.

Es por esta razón que una liberalización del comercio, eliminando las barreras arancelarias y para-arancelarias a las importaciones, tendría como primer consecuencia la pérdida de empleo en los eslabones más frágiles de la cadena (talleres, costureros domiciliarios) y en una segunda etapa también de los fabricantes (quienes no suelen ser siempre conscientes de su colaboración con esta consecuencia). Esta dinámica puede comprobarse fácilmente al observar lo ocurrido en otros países productores y existen sobrados motivos para pensar que en el contexto internacional actual este escenario se vuelve aún más probable. También puede verse una muestra de este efecto en Argentina, ya que desde 2016 la combinación de la apertura inicial de las importaciones y la baja del poder adquisitivo generaron no sólo la disminución del empleo y el cierre de unidades productivas, sino el desplazamiento del consumo hacia otros actores, como los supermercados, quienes en su mayoría comercializan prendas importadas de bajo costo y bajo valor simbólico.

El discurso que suele naturalizar estas reglas de juego y promueve de esta forma la desindustrialización al considerar a esta actividad como poco competitiva posee muchos adherentes, pero oculta diversos problemas que pueden señalarse con datos empíricos provenientes en muchos casos de los modelos productivos a los que se suele poner como ejemplo. El primer aspecto que merece cuestionarse es el de la legitimidad de la “competencia” a la que se enfrenta esta industria, algo que suele minimizarse o enmascararse con frecuencia. Sólo puede explicarse como una consecuencia de una adhesión convencida o forzada a las reglas de la nueva división internacional del trabajo impuesta por los países centrales, que un país que garantiza legalmente ciertos derechos básicos a sus trabajadores admita como justa la competencia de productos que según los organismos internacionales competentes son elaborados bajo estándares que serían inadmisibles localmente. La producción global hoy se encuentra en países donde no sólo hay salarios bajos o economías de escala, sino donde el capital minimiza el riesgo de que se interrumpan las cadenas de suministro limitando la movilización y organización de los trabajadores. Así, al importar prendas de estos países aceptamos regímenes de control laboral y restricciones en la libertad sindical por el control de partido único (como Vietnam o China) o donde existen múltiples violaciones a los derechos laborales mediante el uso de la intimidación y la violencia por parte de los empleadores (como Honduras, El Salvador o Colombia) (Anner, 2015). En muchos de estos países los costureros han sido apresados durante las huelgas organizadas para reclamar mejoras salariales e incluso muchos han sido asesinados durante su represión, como los 5 trabajadores camboyanos en 2014 o el trabajador bengalí muerto en enero de 2019. También importamos prendas de regímenes donde el control se ejerce por el alto desempleo y los bajos salarios que se encuentran muy por debajo de las necesidades básicas de un hogar (en Etiopía, una de las nuevas estrellas de la industria, los trabajadores pueden llegar a obtener US$ 25 mensuales de salario mínimo).

Si bien han existido numerosas iniciativas privadas encaradas desde la filosofía de la responsabilidad social empresaria, el monitoreo unilateral ha demostrado no ser suficiente para regular estos procesos. Es indudable por tanto que los Estados deben tener una presencia activa en este punto, no sólo dentro de su jurisdicción sino también impulsando la incorporación de cláusulas de protección de los derechos laborales en los acuerdos comerciales internacionales (una alternativa sobre la que ya existen antecedentes en el sector). Por cierto, esto es no sólo algo reprochable para los Estados, sino también para los consumidores que merced al proceso de “fetichización” largamente estudiado son capaces de separar el acto de compra de una “buena oferta”, de las condiciones de producción a las que probablemente considerarían inaceptables (como se observa en muchas campañas globales orientadas a mejorar las prácticas de los consumidores).

Además de ser una competencia claramente injusta en términos éticos, un segundo aspecto se relaciona con el impacto directo que genera en el empleo local y en especial en poblaciones particularmente vulnerables (sobre todo mujeres pobres y migrantes) que han sido históricamente la fuerza de trabajo de esta industria. En Argentina este sector es el más relevante de toda la industria en términos de empleo y, en general, quienes abogan por que el país se especialice en actividades para las que existen “ventajas comparativas” suelen plantear que la solución al desempleo se encuentra en la “reconversión” de la fuerza laboral ocupada en esta actividad. Para contrastar este argumento, resulta interesante observar el efecto ocurrido en otros países que ya han pasado por la destrucción de su industria de indumentaria, en los que, aún con políticas específicas, esta reconversión no resulta más que un término eufemístico para denominar el desempleo y la precarización de los trabajadores ocupados (como puede observarse por ejemplo a partir de la “Displaced Workers Survey” de Estados Unidos).

Finalmente, el proceso de destrucción de la industria, además de sus consecuencias de corto plazo, tiene otros efectos que también suelen minimizarse entre quienes desconocen que en la economía no todas las decisiones son “reversibles”. Si es dificultosa la reconversión de los individuos, mucho más lo es en el caso de las capacidades organizacionales de los eslabones que se pierden en una cadena productiva. Esto sucedió, por ejemplo, en la década de 1990, cuando no sólo se consolidó el régimen sociotécnico actual sino que además se perdieron eslabones fundamentales como la producción de ciertos insumos (telas, hilos, etc.) y también la fabricación de bienes de capital. Un caso notable es justamente el de las máquinas de coser: a los inicios de la década de 1950 había diez empresas que las fabricaban (Gardini, Talleres Metalúrgicos San Francisco, Establecimientos Sequenza, Necchi Argentina, entre otros), la mayoría de las cuales desaparecieron en la década de 1970 y cuya última representante Macoser SA (que comenzó fabricando sus propias máquinas y en los 80s se hizo representante de Singer), dejó de hacerlo en 2019 (Girbal-Blacha, 2006).

Una consecuencia adicional de esta desaparición de empresas en diversos eslabones de la cadena, es el consiguiente aumento de la dependencia tecnológica. Si no fuera posible o deseable recomponer estos segmentos productivos, hay que aceptar que esto vuelve más compleja la administración de las variables relacionadas con el comercio internacional (política arancelaria, tipo de cambio, etc.) obligando a balancear de manera inteligente la protección de los productos finales con la apertura frente a los intermedios.

Todos los argumentos expuestos hasta aquí, revelan que en un escenario macroeconómico como el actual, y siempre que no se generen cambios radicales en la tecnología o en el consumo (que podrían modificar el sistema sociotécnico), la importancia que este sector tiene en términos de empleo requiere de medidas capaces de sostener la demanda interna, promover el surgimiento de fabricantes de insumos y una política inteligente de protección frente a las importaciones.

No obstante, estas iniciativas son necesarias pero no suficientes para generar un proceso genuino de desarrollo industrial. Una prueba cabal de estas limitaciones de las políticas macroeconómicas señaladas es lo sucedido en el país en la posconvertibilidad. En efecto, la combinación de ambas estrategias (aumento de consumo, medidas de protección selectiva) lograron reactivar la producción nacional de indumentaria, pero no generaron impactos relevantes en aspectos como su capacidad exportadora, su dependencia tecnológica, la mejor distribución de los ingresos (concentrados en un grupo de agentes proveedores de insumos, grandes marcas, sectores comerciales y financieros) o la mejora de la calidad del trabajo en la cadena (Schorr, 2013).

Una de las hipótesis que sostenemos aquí es que esto ha sucedido porque entre 2003 y 2015 hubo probablemente una confianza excesiva en los efectos de la política macroeconómica, sumada a la ausencia o a las limitaciones de las políticas a nivel mesoeconómico. Así el sector creció, pero sin modificar aspectos estructurales de su régimen sociotécnico (en particular aspectos claves como la desarticulación productiva o la debilidad de las instituciones colectivas) ni desplegar su potencial innovador en aquellos segmentos que podían hacerlo. De este modo, no sólo no se avanzó en la mejora de los problemas señalados, sino que la consolidación del régimen sociotécnico dominante generó un reforzamiento de su sistema productivo y la reproducción de sus consecuencias negativas.

Probablemente por esta concepción limitada, incluso en el período citado no puede decirse que haya habido una política integral de desarrollo industrial sino más bien un conglomerado heterogéneo y no siempre coherente y articulado de programas e iniciativas públicas y privadas. Por ello, dado que la fragmentación y desarticulación es uno de los problemas del sector, pero también lo es para las políticas y programas de apoyo, un primer lineamiento para las mismas debería incluir la constitución de espacios multiactorales institucionalizados que permitan articular y orientar los distintos programas e iniciativas, tanto a nivel nacional como territorial. Estos espacios deberían incluir a las principales agencias del Estado pero también a representantes de los trabajadores y de los distintos segmentos que conforman la industria y deberían tener como objetivo diseñar y evaluar estrategias de desarrollo de mediano y largo plazo.

Estas líneas de acción podrían encontrarse con grandes barreras, pues algunas implican cambios radicales que requieren de una fuerte voluntad política para enfrentar sus costos. Sin embargo, cambiar una situación estructural como la descripta y orientarla en una senda de genuino desarrollo industrial con trabajo decente, requiere de medidas multidimensionales y multiactorales decisivas. Creemos que una actividad emblemática como esta, por su contribución a la generación de empleo y a la satisfacción de necesidades básicas de la población, pero también por su potencial para el desarrollo de la creatividad, el diseño y la innovación, así lo merecen.

-Andrés Matta es doctor en Ciencias Económicas, docente e investigador de la Universidad Nacional de Córdoba. Jerónimo Montero Bressán es doctor en Geografía, investigador y docente. Son compiladores del libro “¿Quién hace tu ropa? Estudios sobre la industria de la indumentaria en Argentina” (Prometeo).

Industria textil y crisis económica: ¿cuáles son las proyecciones de venta para este 2021?

Fuente: El Intransigente ~ La Fundación ProTejer, organización sin fines de lucro cuya misión es asistir, desarrollar, contener e integrar a la cadena de valor agro-industrial textil y de confecciones de la República Argentina, realizó un relevamiento en la industria y los resultados fueron más que óptimos. Según una encuesta, a pesar de la inflación, más del 80% de las empresas textiles estima que sus ventas crecerán este año.

Según indicó Agencia NA, un 32% de las compañías indicó que logrará exportar más, en comparación al año pasado. Por otro lado, un 66,7% considera que incrementará sus ventas al exterior. El presidente de ProTejer, Yeal Kim, había dicho que «en la actualidad, nos encontramos trabajando para seguir incrementando las capacidades productivas, mejorando procesos y productos e incorporando tecnología de vanguardia».

La Fundación ProTejer realizó una Encuesta Cualitativa entre más de 80 empresas de todos los rubros textiles y de todo el país, en el marco de la Evolución y Perspectivas de la Cadena de Valor Agro Textil y de Confecciones de la Argentina. Los datos expuestos realizan un paralelismo entre lo producido en el 2020 y las expectativas para este 2021.

Según el relevamiento, el 56% de las empresas coinciden en que ampliarán su capacidad instalada, permitiendo mayores volúmenes de producción; por otra parte, el 91% de las firmas planea mantener o ampliar el empleo durante lo que resta de 2021. Con respecto a las inversiones, un 58,7% piensa realizarlas, destinadas a ampliar la capacidad de producción y a superar cuellos de botella.

«A través de plantas productivas a lo largo y ancho del país, que cuentan con tecnología de punta, la industria genera hoy alrededor de 400 mil puestos de trabajo directos que se multiplican de manera indirecta a través de la tracción hacia otros sectores, generando actividad económica, consumo y prosperidad en las comunidad donde se encuentra», había dicho Kim a principios de marzo.

La cordobesa que creó su sistema amplio y claro de talles, y es un éxito: vende 800 prendas mensuales

Fuente: La Voz ~ La emprendedora apostó a cuerpos reales y la respuesta fue excelente. Claves de un negocio empático y con un inteligente uso del canal digital.

“Una investigación del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) reveló que en Argentina siete de cada 10 personas no consiguen talle de ropa adecuado. ¿Cuándo se darán cuenta los fabricantes de que esos siete clientes están esperando encontrar un producto?”, se pregunta con contundente sentido común Carolina Goldberg, creadora de la marca de indumentaria Tomas & Anouk y de la tienda digital The Basics Store (TBS).

La emprendedora fundó su propia etiqueta en 2011 e inició, desde entonces, un camino en la industria del diseño local. Tiempo después, se mudó al exterior, donde residió varios años.

Al regresar, en 2020, volvió a chocar desde la experiencia personal con la falta de talles. “No encontraba ropa, nada me quedaba bien”, relata. Aunque existe una ley nacional de talles sancionada en noviembre de 2019, en la práctica no rige porque no ha sido reglamentada.

Carolina Goldberg creadora de la marca T&A.

Goldberg se propuso reimpulsar su propia tienda de indumentaria femenina online y física (tiene una sucursal en el Centro cordobés), convirtiendo ese déficit de mercado en una oportunidad.

“En pandemia tuvimos que estar 40 días cerrados, así que lo primero que hice fue medir las prendas que tenía y me di cuenta de que aunque los talles consignados de pantalón son pocos –S, M, L y o equivalentes–, en la práctica tenía 21 tamaños diferentes. Muchos, claro, bajo la misma denominación”, explica.

Esto muestra la distorsión que existe en ese aspecto central de la indumentaria: la curva de talles no sólo es escasa en relación con los cuerpos reales (focaliza en la llamada “silueta hegemónica”, muy asociada a la delgadez que promueve el marketing), sino caótica: cada marca adopta sus criterios y nomenclaturas, lo que hace que una misma persona pueda usar talles de jean muy diferentes, por ejemplo, según la marca.

Para peor, relata Goldberg, la tendencia de los últimos años entre las firmas de moda líderes ha sido reducir el tamaño de las prendas, lo que provoca que una misma consumidora deba utilizar talles de mayor tamaño, pese a no haber cambiado su fisonomía.

Además de una muy desagradable experiencia de compra, esto perturba la propia autopercepción física de las consumidoras.

“Con esa confusión, no podía vender, todo el mundo compraba mal los talles. Empecé a trabajar en herramientas para ayudar a las compradoras a conocer el tamaño de su cuerpo, a entender que la cuestión es tan simple y poderosa como tomarse algunas medidas. En paralelo, creé un sistema claro y simple de talles para mi tienda, que está disponible online, y empecé a trabajar fuerte con mis proveedores en tener diversidad y amplitud de tamaños. Esto último es lo más difícil “, relata la emprendedora.

La tienda buscó enriquecer la cartera de proveedores y hoy suma 20 estables. A la vez, abrió con ellos la conversación respecto de los tamaños y las nomenclaturas.

Andalucía, Bombay, Estambul

Goldberg y su equipo (integrado hoy por cinco personas) trabajaron en ordenar y en simplificar el sistema de talles hacia el consumidor, especialmente en el canal digital.

Con los jeans, un producto fuerte de la tienda que hoy ofrece en 30 modelos, trabajó en convertir los 21 tamaños distintos a una tabla simple, donde cada uno de ellos se identifica con el nombre de una ciudad: Andalucía, Bombay, Estambul.

Cada nombre refiere a un rango de medidas del consumidor (largo, cintura, cadera y tiro), una información que se brinda en una tabla simple en la web. El abanico es amplio, porque busca incluir la diversidad corporal que existe en el mundo real.

La persona debe medirse a sí misma una vez y ubicar su “talle-ciudad”. Desde ese momento, ya conoce qué buscar en adelante en la tienda.

“La respuesta de la gente fue y es excelente. Sucede que la tabla no sólo le resuelve un problema al consumidor, sino que causa empatía. Aquí muchos encontraron una experiencia de compra sin prejuicio y que además les ofrece una variedad muy difícil de encontrar. La cantidad de historias que recibimos de nuestras clientas es impresionante”, asegura Goldberg.

Para las prendas que se usan en la parte superior del cuerpo, más complejas de estandarizar bajo un sistema así, la tienda desarrolló otro modelo: a cada producto ofrecido online le adjuntó su propia tabla de talles, en la que un número de tamaño equivale a un rango de medidas en el comprador.

Para algunas prendas de hechura más simple, como remeras, el esquema se simplifica a tres tamaños; con otras, puede incluir muchos más.

Devoluciones cero

Hoy la tienda vende unas 800 prendas mensuales, 60 por ciento de manera presencial y 40 por ciento online. Antes de la pandemia, el porcentaje transaccionado por digital era sólo el 10 por ciento.

Ese canal le permitió a TBS crecer fuera de Córdoba, ya que la mayoría de las compras provienen de otras provincias.

El ticket promedio está entre 6.500 pesos y 7 mil pesos, y la mayoría de las personas compra dos prendas.

“Sobre las herramientas que tenemos online, hacemos un trabajo permanente de enseñanza al consumidor. La gente compra y, antes de armar el pedido, le mandamos un WhatsApp en el que pedimos sus medidas, para chequear que las hayan tomado bien. Por eso, desde que lanzamos el sistema tenemos tasa cero de devoluciones”, asegura la creadora de TBS.

Redes y precios

Buena parte del trabajo de “educación” del público y de la conversación empática que con él logra la marca fluye a través de sus redes sociales. “Son vitales para nosotros”, asegura Goldberg, quien aclara que en lo personal le cuesta usarlas por la gran cantidad de contenido nocivo que contienen.

“Con Tomas & Anouk, trato de crear contenido de calidad, mostrar diversidad corporal, explicar estos temas y a la vez compartir las historias de nuestras clientas”, relata.

Es habitual, por ejemplo, que la propia diseñadora y una integrante de su equipo –ambas de muy diferente fisonomía física– usen y muestren prendas iguales que están disponibles en la tienda para graficar ese concepto de diversidad.

La empresa también trabaja en ofrecer amplitud de precios y una relación competitiva precio-calidad, en especial en jeans.

Mary Tapia, la diseñadora de moda que reversionó los clásicos de la vestimenta argentina

Fuente> Pagina 12 – Pionera del diseño nacional, la artista tucumana que murió hace 10 años vino a Buenos Aires a estudiar teatro y terminó creando piezas que ponen en valor la indumentaria típica de nuestro país. Rescatando los textiles del noroeste, Tapia experimenta con barracán y lana, destacando el trabajo de las mujeres en sus oficios manuales y poniendo de moda (una moda atemporal, única) la convivencia textil de lo afro, lo indígena, el folclore y la pachamama. Muchas personas cuidan su legado y la declaran figura clave de nuestra historia. 

Diez años de la muerte de Mary Tapia.
Diez años de la muerte de Mary Tapia.

Frenesí, novedad, raíz y experimentación. A fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, en Buenos Aires, las vanguardias del Instituto Di Tella, el pop de la ropa que se vende en Galería del Este, los happenings de artistas visuales como Marta Minujin y Alberto Greco, conviven con el triunfo del cinturón rastra y el poncho criollo, que llegan a París de la mano de Paco Jamandreu, el modisto de Evita. Tradición y vanguardia se tensan en distintas áreas de la creación. El diseño se hace más democrático, aunque no tanto.

En ese contexto, tal como un poco antes lo hace con el Nuevo Cancionero su coprovinciana Mercedes Sosa, una decidida Mary Tapia desembarca en la gran ciudad. En su caso, el propósito es estudiar teatro. Pero en un enroque acaso inesperado para ella misma, ese objeto del deseo que son las tablas de la escena deviene tablas para diseñar, cortar, coser y desplegar unas puestas performáticas inéditas de ropa original, muy nac & pop.

Costurerita que da el (¿mal?) paso, Mary Tapia aguanta sus trapos como una guerrera y, cuando muestra esa pilcha tan suya, rompe con los desfiles de la alta costura convencional. Generosa, violenta a veces, risueña hasta la carcajada, con una rabiosa intensidad, llena de ganas. No es una más, sino una pionera del diseño nacional, al proponer una mirada contemporánea y distintiva, que -y aquí está la clave- rescata los textiles del noroeste, sobre todo el barracán.

Hablamos de un género que surge de los telares del norte profundo, donde habita la gente de la tierra que transforma el pelaje de los animales de su entorno en cálidas, abrigadas, resistentes y rugosas lanas y lanillas. “En Buenos Aires, la última moda no llega nunca. Porque recién seis meses después hay que ponerse lo mismo que usan las europeas. En cambio, qué bárbaro lo que hacen nuestras kollas, o las mujeres del Paraguay, o las indias de Zuleta”, dice tras un viaje a Villarica de 1966 en el que se enamora del barracán.

Nace en Monteros, en los años treinta, a los catorce años trabaja en una fábrica de medias femeninas, luego viaja a Buenos Aires y estudia actuación con los grandes maestros: Hedy Crilla, Inda Ledesma, Carlos Gandolfo, Agustín Alezzo y Juan Carlos Gené. Se casa en el 61 con el artista plástico Oscar Smoje, se separa y concibe con Jorge Zanada, segundo marido y estudiante de cine, a su única hija: Eva, alias Bimba. Su desfile inaugural es Pachamama Pret-a- Porter y se celebra en 1967, en el Instituto Di Tella, por convocatoria de Jorge Romero Brest. Llama la atención su performance en la casa de baños sauna Colmegna, donde muchachos con sus torsos desnudos rodean a las chicas que exhiben la ropa, verdadera protagonista del efímero espectáculo. Llegan los viajes a Nueva York, París y Milán, los reconocimientos y premios, aunque cuerpo y corazón regresan siempre a los pequeños mercados del NOA.

Tapia, que muere temprano un 10 de junio de hace diez años, aporta una galantería que florece en su indumentaria, al aunar la producción manual de mujeres y hombres del altiplano con los géneros europeos. Y la ropa que crea resulta tan linda y “ponible” que hoy, trascendiendo esa idea que asocia la moda con lo evanescente, sigue cautivando. Por su belleza, lejana a las imposiciones de la industria, por su refinamiento y por su practicidad. Es urbana, sí, pero remite deliberadamente a los orígenes precolombinos de nuestra historia.

Foto: Seedy González Paz. Modelo: Charo Bogarin.

“La moda acompaña esta realineación, mostrando una vuelta a la estética de la vestimenta autóctona. Manuel Lamarca y la original Mary Tapia anticipan con sus creaciones esta tendencia”, escribe en su libro Historia de la moda argentina (del miriñaque al diseño de autor) la socióloga Susana Saulquin. “Era una gran conocedora de las diferentes texturas y profunda investigadora de lo folclórico”, aporta una de las creadoras de la carrera Diseño de Indumentaria en la UBA sobre esta verdadera precursora que recoge y actualiza experiencias que con tejido indígena lanza su antecesora Fridl Loos en los años cuarenta.

El tiempo de su apogeo es el del maquillaje acentuado, los jeans acampanados, las maxi/midi/mini y las pestañas y pelucas naturales o de kanekalon. Algunas de sus clientas y amigas son la periodista de moda Felisa Pinto, la cineasta Maria Luisa Bemberg, la actriz Marilú Marini, la colega y escenógrafa Renata Schussheim y quien fuera embajadora en Caracas y en Londres, Alicia Castro, que le trae textiles de Latinoamérica mientras vuela para Aerolíneas Argentinas. Su ropa sigue tan vigente que, más allá de las merecidas muestras que se realizan en el Malba (una retrospectiva, Identidad criolla, en 2006) y en el Museo de la Historia del Traje (Intima Mary Tapia en 2018), la cantautora y actriz Charo Bogarín, entre otras mujeres, luce ahora sus diseños sutiles y fascinantes.

“Guardo mucha ropa de ella. Son organismos vivos: los ponchos de sus últimos tiempos. La moda Tapia no pasa de moda. Las piezas, de colección, se miran con los ojos de hoy y se resignifican, mostrando que sus diseños son siempre del presente. Formas y texturas que vienen del pasado, nos atraviesan para quedarse y proyectar nuestras miradas, como flechas, al futuro”, cuenta la escritora Sofía González Bonorino, amiga de Tapia y directora de la revista Cuarta Prosa.

“Sus objetos están hechos de tiempo. Tiempo del amor, tiempo de las tejedoras, tiempo de la lana y del atardecer. Las manos que van y vienen”, continúa González Bonorino. Y Mary Tapia, con la aguja y los ojos cansados, dibujando, cortando y cosiendo, inclinada sobre su mesa de trabajo. Cuántas veces la habré visto así, al llegar a su casa de repente, entusiasmada con alguna nueva novela que leíamos después en voz alta, con la infaltable copa de vino tinto, hasta la madrugada. Mary es una creadora viva que, como un fragmento de la mejor literatura, provoca con sus diseños múltiples lecturas”.

“Conocí su producción en 2016, a través de Sofía, que tiene una colección preciosa de ponchos, vestidos y tapados”, cuenta la compositora formoseña. Justamente, al cumplirse cinco años de la muerte de MT, la Charo, el fotógrafo Seedy González Paz, González Bonorino y la diseñadora de zapatos Silvie Geronimi, le rindieron homenaje con una producción fotográfica y un video que dan cuenta de la vigencia de su ropa. “Nos pareció importante recordarla por su aporte, por su mirada, por trabajar con lo heredado y por dejarnos un legado. El arte debe ser expresión del lugar de uno; con un lenguaje teñido por esos colores, olores y sonidos del paisaje. La obra de Tapia remite a su territorio, transmite el orgullo de lo nuestro, de pertenecer y ser parte de esta cultura de sangre nativa, mestizada con lo negro, lo indígena y lo europeo a la vez. Tan fusionada en su estilo, ella integró una variada paleta de etnias, fue criolla y moderna”, destaca Bogarín, princesa guaraní desde que en 2000 supo en su Clorinda natal que es tataranieta del cacique Guayraré.

“Permanencia y atemporalidad”, así define Vicky Salías, directora del Museo del Traje, la obra de MT, “un personaje revelante en la historia de la moda de nuestro país”. Y revela que, para la realización de la muestra que curó junto con Bimba Zanada en San Telmo, tuvo presente “su idea de una identidad nacional diferente de las tendencias internacionales”. Para esa expo, “muchas de las piezas que exhibimos eran préstamos de clientas que aún usan sus prendas y están en perfecto estado de conservación. Creo que Mary logró un producto de tanta identidad, que se transformó en algo totalmente fuera de tendencias o estilos de época. Con ella intentamos desmitificar la idea de pieza de museo como algo ya perimido, o fuera de tiempo. Mostramos también contemporaneidad”.

Foto: Seedy González Paz. Modelo: Charo Bogarin.

Una maga vital, creadora de maravillas, apasionada por la literatura, flexible en contraposición a la dictadura de la opinión, cuenta González Bonorino. “Nos unía también cierto dolor por el hecho de estar vivas. El último libro que leyó, el que estaba sobre su cama la noche antes de morir, fue Un espíritu prisionero, de Marina Tsvietáieva, poeta demoledora. Mary era muy inteligente, se daba cuenta de todo. Tenía un corazón noble, era orgullosa, valiente. No recuerdo haberla escuchado quejarse nunca. Amaba desesperadamente la vida. El día que me entierren quiero que en la lápida diga: Muero bajo protesta”.

Agradecemos la colaboración de Male Wilfrido, Bimba Zanada, Sofía Nicola y Tota Reciclados para la realización de esta nota.

Budweiser y Ay Not Dead lanzan los clásicos de indumentaria urbana

Fuente: Revista Mercado ~ La marca reedita sus “clásicos” de indumentaria y presenta junto con Ay Not Dead nuevos diseños urbanos de remera y buzo.

En colaboración exclusiva, se podrán encontrar en dos presentaciones en la web de CraftSociety.
Para amplificar la acción, se llevó a cabo una sesión de fotos con referentes de moda que se podrá ver en @budargentina.

Con esta alianza, Budweiser vuelve a poner un pie en el mundo de la moda y lanza una mini cápsula exclusiva que incluye dos modelos: una remera blanca y un buzo negro, ambos estampados en el pecho con la etiqueta clásica de Budweiser.

Juan Giovaneli, director de marca Budweiser Argentina, comentó sobre el lanzamiento “por segundo año consecutivo nos asociamos con AY NOT DEAD, una marca con la que nos sentimos muy identificados, por su vínculo con la urbano, la música y la moda, espacios que nos representan y también a nuestros consumidores. Hoy lanzamos dos diseños, pero seguiremos trabajando en conjunto para tener nuevos modelos antes de fin de año.”

Los diseños ya están disponibles en la plataforma de e-commerce CraftSociety (https://www.craftsociety.com.ar/) y se pueden conseguir junto a 4 (cuatro) botellas 710 cc de Budweiser. El Gift Pack con remera tendrá un precio sugerido de $3.000 pesos; y con buzo a $5.500 pesos, sin costo de envío.

En colaboración exclusiva, se podrán encontrar en dos presentaciones en la web de CraftSociety.

Para amplificar esta campaña, Budweiser realizó una sesión de fotos urbana en @budargentina con influencers vinculados al mundo de la moda, entre los que se destacan Greta Cozzolino, Mr. Mike, Fausto Lozano, Delfi Caporaso, Uchi Pedrotti y Tomás del Fresno.

Budweiser apuesta a la moda. En 2020 presentó una edición limitada de sombreros y bandanas creados por Sol Pardo, la diseñadora argentina al frente de la reconocida pardohats, y lanzó una cápsula exclusiva de tapabocas con Ay Not Dead. Y este 2021, fue parte del Buenos Aires Fashion Week (BAF).

Textiles: inflación, costos de insumos e impuestos amenazan la rentabilidad

Fuente: Cronista ~ El principal desafío en 2021 es la pérdida de rentabilidad sostiene un relevamiento de la Fundación Protejer. Hay mejores perspectivas a nivel de ventas y empleo este año pero la macro puede jugar en contra.

Ocho de cada diez empresarios textiles, la gran mayoría pequeños y medianos industriales, considera que en 2021 incrementará sus ventas, y un porcentaje aún mayor, prevé mantener o incrementar su plantel de trabajadores.

Tras un año complejo como fue 2020, las perspectivas para el presente año son mejores en este sector, con previsión de nuevas inversiones, más empresas exportadoras y crecimiento de la producción. 

Sin embargo, las principales dudas aparecen por el lado de la rentabilidad y el impacto que sobre ella tiene variables que no manejan los empresarios, como la inflación, la suba de costos de insumos y la elevada presión impositiva.

La Encuesta Cualitativa de la Fundación Protejer consultó a más de 80 empresas de la cadena de valor agroindustrial, textil y de confecciones en todo el país, en la que sobresale un cambio de humor este año respecto del desempeño que tuvieron en 2020. 

Así, el 83,3% de los consultados sostiene que sus ventas totales aumentarán este año, mientras que 32% de ellas planea exportar -en 2020 fueron algo más de 29%- y el 91% proyecta mantener el empleo o incluso contratar personal.

El principal sostén de esta mirada optimista es el crecimiento de la demanda (22,8%), la caída de importación de productos sustitutos (22%) y expectativas positivas sobre el mercado interno (17,9%).

En este contexto, seis de cada diez empresas (59%) proyecta realizar inversiones, en especial para incrementar su productividad, considerando las “expectativas positivas en relación con el mercado interno“, destaca el informe.

En los últimos meses la cadena de valor textil y de confecciones comenzó un ciclo virtuoso, sin embargo, las posibilidades de crecimiento del sector encuentran limitaciones que exceden a las decisiones de los propios empresarios.

Lo que realmente puede dar la medida de la durabilidad de este cambio de humor empresarial es la pregunta sobre la rentabilidad y su esperada evolución. Al final y al cabo es lo que mueve la iniciativa empresaria, aquí y en todo el mundo.

Dos de cada diez empresarios (18,8%) aseguró que la disminución de la rentabilidad lidera la lista de principales problemas a enfrentar en 2021.

Le siguen dificultades para importar insumos, equipos y repuestos (15,4%), la elevada presión tributaria (14,4%) y completan el top five la incertidumbre macroeconómica (11,5%) y la litigiosidad laboral (7,7%).

Y una pregunta más que enciende las alarmas. Al analizar las causas que afectan la rentabilidad, el 37,7% de los consultados dijo que es la principal es el proceso inflacionario, mientras que el incremento de costos de los insumos lo es para el 31,2% de los empresarios y el aumento de la presión tributaria para el 11,7%. Recién después vienen la caída de ventas, la devaluación de la moneda y otras variables.

Quienes consideran que sus ventas caerán este año, que son el 5,6% del total, entienden que el problema es la pérdida de poder adquisitivo (22%), mientras que 21,4% asegura que hay expectativas negativas sobre el mercado interno y el 14,5% inestabilidad macroeconómica.

En este sentido, el impacto de la actividad sobre el mercado de trabajo tiene ribetes distintos según quién lo mire. Mientras el 44% de los consultados contestó que aumentará el personal ocupado, el 46,7% no hará cambios y un 9,3% disminuirá su plantilla. 

Textiles: 8 de cada 10 dicen que mejorarán ventas en 2021

Fuente: Ámbito ~ Casi el 60% de la cadena de valor espera realizar inversiones y mejorar su capacidad de producción.

Después de haber atravesado un año extremadamente malo debido al cierre de comercios provocado por la pandemia, el sector textil en su conjunto se prepara para un año de recuperación. Un reporte elaborado por la Fundación Protejer indica que el 83,3% de las empresas que integran la cadena de valor espera subir sus ventas respecto del 2020. Claro está que el piso de comparación es bastante bajo, pero marca el mejor ánimo con el que los empresarios ven la economía en 2021. Hay que tener en cuenta que la encuesta se llevó a cabo durante marzo, momento en el que si bien se preveía una segunda ola de coronavirus, no estaba clara la magnitud ni el tipo de restricciones que se iban a adoptar para enfrentarla. “Todo va a estar supeditado a lo que pase con esta segunda ola de la pandemia”, afirmó a Ámbito el secretario general de Protejer, Luciano Galfione. El empresario señaló que las restricciones que se están viendo en estas semanas “no son iguales a las que había el año pasado” y por eso explicó que en un contexto de un mercado textil “más chico que el del año pasado” la demanda es motorizada por las segundas y terceras marcas que no son tan afectadas por el cierre de shopping. También justificó las perspectivas de mejora en que se produjo una recomposición del mercado interno. “Durante 2019 el 80% de los textiles que se consumían eran importados y el 20% nacional. Hoy la proporción es 60/40 en favor de la producción local”, sostuvo el directivo.

En un contexto general de mejora en comparación con el año pasado, alrededor de un cuarto de los participantes de la encuesta estimó que sus ventas pueden subir este año entre un 7% y un 22%. Solo un 2% de las empresas consultadas supone que podrá vender hasta un 70% más de lo que lo hizo el 2020. Los cuatro factores que miran las empresas para apostar este año son el crecimiento de la demanda del producto que elaboran, la caída de la importación del producto con el cual compiten en el mercado local, las perspectivas positivas sobre el mercado interno y el desplazamiento del competidor local. En rigor, en ese último punto, lo que ha ocurrido es que muchas empresas han cerrado el año pasado, por lo que ahora los sobrevivientes se van quedando con una porción más grande de un mercado más reducido. Es decir, con una menor facturación en el conjunto, las empresas que quedaron trabajan más. Galfione explicó que “desde 2019 muchas empresas venían tecleando, las agarró la pandemia y fue el tiro de gracia”.

Por tal motivo, en un escenario en el que desde el comercio administrado se frena el ingreso de importados y con una perspectiva de mejora, el 56% de las firmas prevé que va a ampliar su capacidad instalada. De ese grupo, un 58,7% piensa realizar inversiones con objeto de mejorar el nivel de productividad. Los cuatro factores que moverán a las empresas textiles serán la adquisición de maquinaria y equipo nuevo y usado, la construcción o ampliación de plantas, la capacitación al personal y el desarrollo o adquisición de sistemas. Ese proceso, fundamentalmente se va a financiar con caja propia, para el 36,5% de los casos, y con los bancos, para el 26%.

En cuanto al empleo, el 44% de las empresas planea contratar, contra un 9% que planea reducir su plantel y un 46% que no lo piensa modificar.