Cashmere patagónico, valor agregado nacional

Fuente: Río Negro ~ Actores de cinco provincias se unieron para otorgarle valor agregado al cashmere neuquino. La experiencia pretende consolidar la cadena textil hasta la obtención de suéteres.

Una novedosa experiencia de agregado de valor para fibras textiles especiales de la Patagonia se viene desarrollando en la región durante los últimos meses.
La propuesta fue impulsada por Florencia Alonso y Nicolas Martignone, apasionados del cashmere patagónico, quienes hace tiempo desarrollan un proyecto para la confección de prendas con esta fibra y, en este contexto, solicitaron asistencia técnica al INTA, que sumó a la idea sus referentes en el tema.

La cabra criolla neuquina
En la provincia de Neuquén existen unos 1500 crianceros que mantienen un stock de alrededor de 390.000 cabras. En ese sistema productivo la cabra Criolla Neuquina (CCN) es la principal fuente de recursos de la población rural, siendo la carne de chivito su producto tradicional y surgiendo la fibra cashmere como un complemento de gran potencial.
La fibra cashmere tiene una dinámica de crecimiento particular. El patrón anual muestra que cada año la fibra crece desde diciembre hasta junio y luego al comienzo de primavera, obedeciendo a factores ambientales (fotoperiodo) y también fisiológicos (gestación y parto), se produce naturalmente su muda. Por lo que el momento óptimo para la cosecha del cashmere corresponde a los meses de septiembre-octubre.
El cashmere puede cosecharse por esquila (a tijera o maquina) o por peinado (peine mongol). En cualquier caso la valiosa fibra se encuentra entremezclada con pelos gruesos sin valor comercial por lo que debe ser sometido al delicado proceso de separar mecánicamente ambas fracciones de fibras, proceso conocido con el nombre de “descerdado”.
Para ser exitoso y obtener un producto de alta calidad, el descerdado no solo debe reducir la presencia de pelos gruesos hasta un máximo de 2%, para lograr los estándares internacionales, sino también producir el menor daño en el cashmere que resulte en una menor longitud de fibra y afectando la capacidad de hilado posterior.

El proceso
Los 500 kg de fibra adquirida en la experiencia pertenecían a “crianceros” de cabras criollas allegados a la Corporación de Desarrollo de la Cuenca del Curi-Leuvú (CORDECC) del Neuquén y provenía de esquilas de fines de noviembre (muy tardía). Desde allí se trasladó a una empresa en Pico Truncado (Santa Cruz) cuyas instalaciones incluyen un conjunto de 3 máquinas descerdadoras que funcionan secuencialmente. En esta experiencia el descerdado no fue exhaustivo, el contenido de pelos gruesos presentes se redujo desde 29,7% en la materia prima a 4,9% en el cashmere descerdado; por lo que hubiese sido necesario repetir una vez más el pasaje por la maquina descerdadora para lograr un producto de excelente calidad.
Luego, con el cashmere obtenido se realizaron los hilados en una cooperativa lanera de la ciudad de Trelew (Chubut) desarrollando dos tipos de hilados, uno de cashmere 100% y otro mezclado con 50% de lana Merino, también producida en Patagonia. Con esta etapa terminada, las bobinas de hilos fueron llevadas a una tejeduría de Buenos Aires donde se hicieron pruebas de tejidos y finalmente se confeccionaron distintos modelos de suéteres.

“Debemos hacer una transferencia tecnológica y mejorar la cosecha de materia prima para lograr mejores rindes”

Diego Sacchero (Laboratorio de Fibras – INTA Bariloche)

Durante las distintas etapas de transformación se realizaron supervisiones, acompañamientos, monitoreo y análisis de calidad de muestras para (Diámetro y Longitud Media de Fibras) y de eficiencia de procesos (Rinde al Lavado, al Descerdado, etc.) por parte de los laboratorios textiles de INTA Bariloche y Trelew, donde se recopilaron datos muy valiosos que representan la línea de base desde la cual avanzar en la mejora de calidad de toda la cadena para poder explotar el potencial del cashmere patagónico.
Diego Sacchero, responsable del Laboratorio de Fibras Textiles del INTA Bariloche explicó que “tenemos un punto crítico que afecta la sustentabilidad económica de esta cadena y es el bajo rendimiento de fibra cashmere post-descerdado, cercano al 11-12%, para lo cual debemos hacer una importante transferencia tecnológica al sector primario y mejorar (adelantar) la cosecha de materia prima que pretendemos procesar para lograr rindes del 25%. La experiencia y la información recabada también nos permitió establecer ajustes específicos y protocolos para las etapas de descerdado e hilado de los lotes que procesaremos en el futuro”
Florencia Alonso, en tanto, destacó que “hemos logrado unir toda la cadena para procesar cashmere patagónico con nuestras propia industria textil y confeccionado hermosos productos, eso es muy valioso, pero necesitamos seguir mejorando estos productos hasta que alcancen la excelencia, confort y calidad que buscan los consumidores de prendas de cashmere”.
El escenario para la explotación y el agregado de valor en el país se basa en el potencial regional de una producción bruta de 50 toneladas anuales de cashmere y a la capacidad instalada y expertise de las industrias nacionales.

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