Maniquíes y perchas en la vereda, la inusual protesta de los comerciantes de Mar del Plata

Fuente: La Nación ~ Solo un cliente por vez. Eso piden los comerciantes del rubro de indumentaria y otros no esenciales para seguir trabajando. En la actual fase 3 del aislamiento, estos locales pueden abrir, pero no pueden atender a nadie dentro de las instalaciones.

Los reclamos formales no encuentran respuestas positivas y el camino elegido esta vez fue otro “perchazo”, como denominaron a esta manifestación los propietarios y empleados de locales. La protesta consistió en la exhibición de maniquíes y percheros con prendas sobre la vereda, para visibilizar lo que resumen en una frase muy breve y contundente que se multiplica en carteles: “Queremos trabajar”.

“Parecemos manteros”, afirmó a LA NACIÓN el responsable de varias marcas del rubro textil para cuestionar esta modalidad de atención a la que quedaron reducidos: frenar a los clientes en la vereda y desde allí mostrarle prendas u otros productos.

María Liberati, responsable de la firma que lleva su apellido, insistió en lo injusto de la situación que vivieron al principio del período de aislamiento obligatorio y que, ahora, les toca repetir. “Aquí siempre se cumplieron los protocolos, no hemos tenido inconvenientes, pero igual nos impiden trabajar con normalidad”, dijo a LA NACIÓN.

El retroceso de Fase 4 a la 3 se dio hace casi un mes, cuando se percibió en la ciudad una escalada importante en el número de contagios. Esa tendencia se acentuó y tuvo la última semana picos de 430 casos en un mismo día. Recién estas últimas dos jornadas fueron de alivio, con reportes oficiales de poco más de 200 nuevos pacientes en tratamiento por jornada.

Caída de ventas

Marilin Seligmann, responsable de Positano y Perramus, también en el paseo comercial de calle Güemes, resaltó que resulta muy difícil atender al cliente en las actuales condiciones. “No les puedo traer todo el negocio a una mesa que cruzamos en la puerta para que nadie entre”, dijo sobre estas dificultades que se traducen en caída de ventas.

Destacó que desde fines de mayo y hasta los últimos días de agosto, cuando se dispuso el retroceso de fase y los cambios en las condiciones de atención, habían podido sobrellevar la situación en mejores condiciones. “La gente tenía paciencia, entraba de a uno o dos y cumplía con el protocolo de higiene en el ingreso al local”, detalló.

Liberati remarcó que se acaba de ir otra temporada con producción y líneas de prendas que casi no pudieron estar al alcance de la clientela. “Es una cuestión de sentido común”, dijo y preguntó: “¿Cómo no van a permitir que un cliente entre y pueda ver qué prenda le gusta y quiere comprar”.

El otro malestar pasa por cierta competencia desleal que sienten frente a supermercados e hipermercados. Señalan que en esos espacios comerciales también venden ropa y los clientes sí tienen acceso directo a las prendas. “Tanto a ver como a tocar”, comentaron.

Desde el municipio se insistió en más de una oportunidad con el pedido a la provincia de Buenos Aires para que autorice el ingreso de un cliente por vez a los comercios no esenciales. Las respuestas fueron siempre negativa.

Lo mismo ocurrió con los gastronómicos, que pidieron volver a dar servicio en mesas, pero solo al aire libre. Como tampoco se hizo lugar al pedido, algunos de los comerciantes del ramo iniciaron el fin de semana pasado una acción de apertura y atención al público en las veredas.

Algo parecido habían hecho los trabajadores de la construcción, cuando el pase a Fase 3 implicaba la paralización de la obra privada. Frente a la negativa oficial, la respuesta del gremio fue ocupar los puestos y lugares de trabajo bajo lo que llamaron “huelga a la japonesa”.

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