Comerciantes vs. manteros: un conflicto que se agrava en medio de la pandemia

Fuente: La Nación ~ El conflicto entre manteros y comerciantes en la zona de Once es de larga data. Sin embargo, ahora esta tensión se potencia por la delicada situación económica en la que ambos se encuentran a raíz de la crisis que se profundizó por el aislamiento social obligatorio. Además de la puja por la clientela, los comerciantes sostienen que las mantas con mercadería ocupan el espacio público y esto genera una gran concentración de transeúntes, lo que podría derivar en contagios de coronavirus.

Por un lado, los comerciantes reniegan porque desde el 20 de marzo solo abrieron algunos pocos días, pero los gastos fijos, como el alquiler, los impuestos y los sueldos, se mantuvieron. Ahora que pudieron regresar a la actividad se encuentran con los manteros, que consideran una competencia desleal.

Mientras que la realidad de este grupo también es apremiante. En su gran mayoría, son inmigrantes africanos que gracias a la venta callejera mantienen a su familia. Al igual que los comerciantes, los meses de aislamiento vaciaron las calles y los dejaron sin clientes.

«Yo vendo zapatillas», dice Emanuel Ramos, de 38 años, que atiende un comercio sobre Rivadavia, a metros de la esquina con Pasteur. «Los manteros vienen y se ponen a vender casi las mismas zapatillas en la puerta del local, pero mucho más baratas. Y te sacan la clientela. Nosotros ya venimos de meses muy difíciles, no te olvides».

«Amigo, si no venimos a vender, no comemos», dice Erik, un mantero senegalés que vende ropa deportiva a pocos metros del local que atiende Ramos. «Con mi mujer siempre pudimos mantenernos con lo que vendíamos en la calle, pero durante la cuarentena no vendimos nada, usamos todos nuestros ahorros. Yo creo que no somos competencia de los locales, ellos venden otro tipo de mercadería».

Las dos caras de la crisis conviven a un metro de distancia. Pero los reclamos de los comerciantes no son solo por las potenciales pérdidas económicas, también señalan que los manteros no cumplen con la distancia social, pocos usan alcohol en gel y que es común verlos con el barbijo debajo de la boca.

«Es una barbaridad, no se puede caminar», dice Nélida Domínguez, de 58 años, que se queja de los manteros, pero acaba de comprar unas paltas en un puesto callejero. «Hay mucha gente, se acumulan personas porque buena parte de la vereda está ocupada con la mercadería», señala.

Controles

Desde la Policía de la Ciudad sostienen que creció el número de denuncias por parte de los vecinos y comerciantes. «La comisaría vecinal 3A de la Policía de la Ciudad organizó un servicio de prevención que va por Pueyrredón desde Corrientes a Rivadavia por el tema manteros. El personal policial busca disuadir y eventualmente secuestrar mercadería apócrifa evitando confrontaciones físicas», detallaron fuentes de la policía a LA NACION.

Desde la Agencia Gubernamental de Control de la Ciudad, también señalaron que asiduamente hacen operativos por la calle para que no se instalen los vendedores ambulantes. «Cambió totalmente la fisonomía de la Ciudad en ese sentido. Pero esto cambia minuto a minuto, la policía muchas veces los saca y luego se instalan en otro lugar», indicaron.

Gustavo Cabomaslia, de 48 años, es el dueño de un local de ropa justo en la esquina Rivadavia y Pasteur. Tiene bronca, dice que hace 10 días que están los manteros en la puerta de su local y que eso perjudica sus ventas. «Nadie hace nada. Nosotros ya avisamos, pero los muchachos siguen acá. A nosotros nos perjudica bastante, además de que estamos en el medio de una pandemia y están todos pegados. Antes estaban en Pueyrredón y Larrea y los fueron corriendo. Ahora están acá hace más de una semana».

Mientras que, a pocos metros de ahí, sentado en un banquito de pocos centímetros de altura, está Adán, otro de los manteros. Él argumenta que no le quiere sacar trabajo a los comerciantes, pero que todos tienen que venir a estas avenidas comerciales porque es por donde circula la gente. «Si pudiera abrir un local propio, lo haría», dice.

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