Programa del INTI, la fabricación de seda

Fuente: Clarín ~  Involucra a 50 productores de distintas provincias. No requiere grandes inversiones y no es contaminante.

La sericultura (o fabricación de la seda) tiene una larga historia que comenzó en China hace casi cinco milenios. Nuestro continente fue el último en conocer esta fibra cuyos secretos estuvieron, durante mucho tiempo, reservados a unos pocos.

Pese que sigue teniendo una cotización alta, la manufactura de la seda experimentó importantes cambios. En la actualidad, productores rurales pequeños y emprendedores de más de 20 países adoptan esta actividad para complementar sus ingresos, ya que no requiere grandes inversiones iniciales y no es contaminante.

Desde 2017 el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) impulsa y coordina el Proyecto Seda: una iniciativa que busca contribuir con la reducción de la pobreza, a través del desarrollo de la sericultura desde un enfoque sustentable.

El Proyecto se extiende a otros puntos de la región. Sólo en el país, participan 50 productores provenientes de Jujuy, Salta, Misiones, La Pampa y el Delta. Muchos de ellos también son artesanos o diseñadores y llevarán su experiencia la Exposición Internacional de Proveedores para la Industria de la Confección (Emitex 2019). Esta tendrá lugar del 9 al 11 de abril, en el Centro Costa Salguero de Buenos Aires.

El origen de la iniciativa

Patricia Marino es ingeniera textil, trabaja en el INTI y está a cargo del Proyecto Seda. Este arrancó oficialmente hace dos años, aunque su curiosidad por el tema comenzó mucho antes.

Hugo Enciso, director del laboratorio del INTI. Trabaja en el Poyecto Seda junto a Patricia Marino.

Hugo Enciso, director del laboratorio del INTI. Trabaja en el Poyecto Seda junto a Patricia Marino.

“Desde el Centro textil del Instituto nos interesamos hace más de una década por la producción de seda. En 2002 nos pusimos en contacto con un núcleo de productores de las provincias. A partir de entonces, hacemos anualmente Jornadas Nacionales de la Seda, vamos a las escuelas agropecuarias y participamos de una red latinoamericana”, explica.

En 2015, el INTI participó de una convocatoria de la Unión Europea para financiar proyectos que combatan la pobreza en América Latina y El Caribe, con énfasis en el empoderamiento femenino. El Proyecto Seda fue uno de los ocho ganadores, de un total de 69 concursantes. A fines de 2016 se firmó el contrato de subvención, con un presupuesto total de 2.283.805 de euros.

La propuesta -que comenzó el año siguiente y finaliza en 2020– involucra a Argentina, pero también a Brasil, Cuba, México, Colombia e Italia. Las instituciones beneficiarias son, entre otras, el INTI, el INTA, la Estación Experimental Indio Hatuey (Cuba) y la Universidad Estadual de Maringá (Brasil).

Las metas principales del Proyecto son el reforzamiento de centros educativos, técnicos, productivos y investigación; así como la contribución económica a productoras y productores de fibra, artesanos, organizaciones sociales y emprendedores.

Marino cuenta que se trata de “una actividad sencilla y de bajo costo, realizada de forma mayoritaria en zonas rurales y por mujeres”. La idea central es sumar un ingreso adicional a las pequeñas unidades agrícolas, ya que tiene un carácter complementario a otras tareas. La magnitud de la explotación puede variar, de acuerdo a la cantidad de árboles de mora disponibles.

El kilo de capullo seco se vende a US$ 50 y el de hilo, a US$ 100. Los capullos tienen distintos tamaños, aunque rondan los 1,5 gramos (por lo cual se necesitan cerca de 650 capullos para completar el kilo). Las familias rurales suelen fabricar en función del tiempo que tienen y del material que necesitan para sus manufacturas.

La ruta del gusano de la seda

La sericultura tiene tres etapas básicas. La primera inicia con el cultivo del árbol de moras, que es el único alimento del gusano productor de seda (o Bombyx mori). Luego viene la cría de este gusano: a partir de los 30 o 32 días de ingesta de hojas, la oruga comienza a fabricar el capullo de seda para iniciar su paso a mariposa. La última fase consiste en el tratamiento de los capullos.

Gusanos de seda (Bombyx mori).

Gusanos de seda (Bombyx mori).

Varias de las orugas son colocadas en agua caliente y retiradas de su capullo para extraer la fibra textil. Para hilar, se usa una máquina devanadora. Un hilo fino necesita de dos cabos que, a su vez, requieren de 150 a 200 capullos cada uno, según señalan los artesanos a Clarín.

Los capullos también pueden ser procesados de otras maneras. Si llegan a mostrar una imperfección o rotura, son utilizados para crear vellón, el cual se puede hilar y teñir. Además se pueden abrir y usar para joyería.

Sonia Vera, una experiencia en primera persona

Sonia Vera es una hilandera, tejedora, fieltrista, tintorera y maestra artesana, que trabaja con hilo merino, bambú y otras fibras. Hace unos años tuvo un primer acercamiento a la cría de gusanos de seda en un workshop. Desde aquel momento, conoció a referentes locales del tema -como la jujeña Liliana Torres- y a los profesionales del Proyecto Seda. Hoy puede afirmar que sumó otra destreza a su lista.

En 2018, junto a sus compañeras de la Escuela Taller de Artes y Artesanías Folklóricas de Haedo tomaron cursos de cría de gusanos. Desde el Proyecto las ayudaron con los protocolos, las capacitaciones y el material. Fueron asesoradas por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) así como por otras productoras, y la Facultad de Agronomía les brindó los huevos. Ya lograron hacer cría, capullos y reproducción.

Artesanías con capullos de seda (Sonia Vera).

Artesanías con capullos de seda (Sonia Vera).

“Confeccionamos pañuelitos, joyería, aros, pendientes para el cuello. Hace poco participé de la feria de artesanía de San Isidro… ¡y el primer gusano empezó a capullar en vivo!“, recuerda Sonia. Ella vive en Liniers y diariamente alimenta a sus gusanos con las hojas de los moreros que hay cerca de la estación del Tren Sarmiento. Dice que ellos son los primeros que desayunan en su casa.

“La actividad no conlleva muchos gastos ni tiempo, pero hay que conocer y tener mucha constancia. Yo recojo las hojas a la mañana y a la tarde. Los gusanos van pasando por cinco etapas de crecimiento y al final son voraces. También es importante que estén cómodos, no amontonados. Al principio caben 1.000 huevos en un tupper, luego hay que cambiarlos de lugar: los gusanos llegan al tamaño del dedo medio de una mano”, detalla la artesana.

Sonia relata que el año pasado su grupo se dedicó a estudiar y aprender. El plan, de ahora en más, es adquirir fondos para construir una devanadora manual (parte del proceso productivo) y dar clases. Concluye: “Queremos criar una mayor cantidad y tener nuestro propio emprendimiento. Recomiendo mucho esta actividad, tanto por lo económico como por lo placentero. No requiere mayor esfuerzo físico y es muy lindo estar cargo de una vida”.

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