La ropa que ya no se mancha: cómo serán las nuevas prendas que se autolavan “para salvar al planeta”

Fuente: Clarín ~ Muchas marcas ya investigan materiales que puedan autolavarse. Se viene una revolución para la industria textil.

Usar la misma camiseta durante semanas. O el mismo pantalón durante meses… o años. Hasta los mismos calzoncillos por unos días. Sin usar ni una sola vez el lavarropas. Lo que hasta hace poco sonaba a poco higiénico es precisamente el futuro en el que trabajan desde hace tiempo muchas firmas. Ya no es la salud del usuario la que está en juego, sino la del planeta, y eso ha hecho que las investigaciones sobre nuevos tejidos y con menos necesidades de limpieza se multipliquen en los últimos años.

Primero fueron firmas como Odo, que se especializó en jeans que no se ensucian porque repelen las manchas. Y luego han ido llegando propuestas de nuevas compañías en manos de personas preocupadas por el medioambiente capaces de crear remeras, camisas, vestidos, zapatillas y hasta calzoncillos de lana que tampoco necesitan demasiadas visitas al lavarropas.

Los productos comienzan a ser una realidad pero ahora lo difícil va a ser convencer a los usuarios de que no hace falta lavar tanto. Tal como explica Mac Bishop, creador de la firma Wool & Prince (que propone vestidos limpios tras 100 días de uso) “sólo quienes prueben estas prendas y vean por sí mismos que funcionan podrán entender que demasiadas veces abusamos de las lavadoras”.

En su caso lo dice con conocimiento de causa. Durante un tiempo trabajó para Unilever, una firma dedicada a la fabricación de detergentes, y entendió que “la única posibilidad de hacer crecer una marca de detergente es hacer sentir a los consumidores que necesitan lavar su ropa sin parar”.

Petar Jovancic, investigador de la unidad de tejidos funcionales de Eurecat explica que “con los últimos logros en la aplicación de nanotecnología en textil, se han logrado avances, sobre todo basados en la imitación de las propiedades o estructuras de escala nanométrica que hallamos en la naturaleza”.

“El problema llega en el momento en que ese sudor se absorbe en la ropa porque es cuando comienza a atraer a las bacterias provocando el mal olor”.

En concreto, los estudios más prometedores son los que giran en torno al concepto de la ropa que se autolava y centrados “en conseguir las propiedades de hidrofobicidad (repele el agua) y superhidrofobicidad (repele el agua y los aceites) con una estructura que sea capaz de autolimpiarse, tal como hacen la hoja de loto o la piel de melocotón”, añade Jovancic. Es decir que el futuro pasa por crear la ropa que no se mancha. Y la ropa que se autolava.

Otra de las vías que se está investigando es la de tratamientos de tejidos con la incorporación de nanopartículas de cobre y de plata en fibras que reaccionan ante la luz solar y actúan como si fuesen cloro, deshaciendo las bacterias que causan el mal olor y las manchas comunes. Y también hay algunos estudios que se centran en el uso del dióxido de titanio, un producto químico conocido por ser un “excelente catalizador en la degradación de contaminantes orgánicos”, de modo que con este acabado los tejidos limpian las manchas y eliminan los malos olores solo con exponerse a la luz solar.

El investigador de la unidad de tejidos funcionales de Eurecat reconoce que todavía hay un buen trecho para recorrer y que los productos de este tipo que ya han salido al mercado todavía están muy lejos de conseguir lo que ha logrado la naturaleza. Es decir, que todavía falta mucho por igualar esta capacidad de autolimpieza que presentan por ejemplo las hojas de loto puesto “que en los productos textiles se pierde con el uso”.

Pero ya hay firmas que van entrando con sus propuestas y consiguiendo incluso una repercusión internacional mayor de la esperada. Es el caso de Wool & Prince que su fundador Mac Bishop cree que todavía encajará más cuando los consumidores entiendan por fin que “sudar en sí mismo es limpio. Que el problema llega en el momento en que ese sudor se absorbe en la ropa porque es cuando comienza a atraer a las bacterias provocando el mal olor”. Por eso la clave es encontrar materiales que rechacen el sudor.

Parece que va camino de conseguir convencer al consumidor. En su opinión, “en cuanto prueban las prendas ya tenemos media batalla ganada porque comprueban que el sudor no las ensucia”. Sucede lo mismo con las camisetas de Unbound Merino que aguantan muy bien hasta 100 días sin lavado alguno según explican los usuarios en las redes sociales. Dicen que sencillamente no se ensucian y no huelen gracias al tratamiento de las fibras con aceite de menta que les inculca un duradero olor a fresco y limpio. Cuestan 80 euros y son el fruto de la investigación de la start-up fundada en el 2016 con la intención de confeccionar ropa de viaje que puede durar semanas sin ser lavada.

Sencillamente no se ensucian y no huelen gracias al tratamiento de las fibras con aceite de menta que les inculca un duradero olor a fresco y limpio.

Las compañías que apuestan por estos tejidos que prácticamente no se lavan por lo general dependen casi de forma exclusiva de la lana, un material naturalmente transpirable y con gran capacidad para absorber la humedad. “Significa que cuando sudas, la transpiración se evapora de tu piel al aire, en lugar de quedar atrapada en la tela. Pero además estos tejidos regulan la temperatura de forma que cuando hace calor, la evaporación de su sudor te hace sentir fresco y cuando hace frío, atrapa el calor del cuerpo y lo mantiene caliente”, explica Jovancic.

Esa es la razón por la que también hay firmas de ropa como Patagonia y Icebreaker, que han usado este material para crear capas internas y camisas de franela que regulan la temperatura y que se mantienen limpias durante días de largas caminatas o porque comienzan a ser habituales las zapatillas hechas con lana para ser usadas sin calcetines y con la garantía de que no huelan mal.

Otra firma al alza es Pangaia. Crea pantalones deportivos, sudaderas y camisetas de algodón orgánico mezclado con fibra de alga y que colorean con recursos naturales como, por ejemplo, desperdicios de alimentos. Y luego tratan las telas con el recurrente aceite de clorofila para mantenerlas limpias por más tiempo.

Bishop también usa prioritariamente la lana para la creación de sus prendas de Wool & Prince y Wool. Pero en su caso, además de la lana (u otras fibras naturales biodegradables) utiliza mezclas en las que también tiene cabida el nylon, poliéster y otros materiales sintéticos. Sabe que la decisión es arriesgada pero explica que el objetivo es que la ropa sea mucho más duradera.

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