La mosca blanca textil: pese a la crisis, le vende ropa a Japón

Fuente: La Nación ~ La Argentina apenas exporta indumentaria. En 2018, según datos de la Cámara Industrial de la Indumentaria, fueron US$ 21,3 millones valor FOB, unos 519.000 kilos. La mayoría de las operaciones son a Latinoamérica, salvo una excepción que se cuela entre la decena de las empresas que más venden afuera: Juana de Arco. Nacida en 1998 en Palermo Viejo , en la Ciudad de Buenos Aires , de la mano de la diseñadora Mariana Cortés, le vende a Japón desde hace unos 17 años y sus embarques promedian el millón de dólares al año.

Cortés arrancó en 1995 vendiendo bikinis diseñada por ella en las playas de Pinamar ; usaba materiales no convencionales por aquellos años, como el lúrex y el neoprene. «Les llamaba bikinis VIP, usaba colores plenos, volcaba los antojos que tenía -cuenta a LA NACION-. Vendía y pasaba el verano con mis amigas». Con lo que fue ahorrando, tres años después abrió su local. Dice que se «enamoró» de un sótano en la calle El Salvador y allí decidió instalarse mezclando «arte y ropa».

Arrancó con una colección de tejidos, usando colores, telas y texturas «raras». Recorría el barrio de Once. «Visitaba toda la biblioteca textil de la zona y después armaba patchwork; elegía manteles para una línea de camisas». Con el tiempo, empezó a ver que sus estampados empezaron a aparecer en otros locales de Palermo y eso la empujó a hacer sus propias estampas; ella las diseña y se producen a mano, con serigrafía. «No hay una igual a otra», explica.

Con los retazos de modal (un tejido no habitual para la ropa interior) que le quedaban diseñó lencería y, por una mezcla de casualidad y amistades, las prendas llegaron a Estados Unidos. Allí las conoció el japonés titular de HP France -un grupo dedicado a locales de moda en Japón-, viene a la Argentina a buscar nuevos diseñadores y se quedó con Juana de Arco.

«Le gustó el diseño, el hecho de que las prendas son todas diferentes; de colores, de mezclas no convencionales. Toda la colección tenía la misma impronta y él se mostró sensible al proyecto porque, en ese entonces, éramos un proyecto», define Cortés.

En 2001 empezó la exportación a Japón; las prendas empezaron a venderse en los comercios multimarcas de HP France y, más tarde, abrió dos locales propios, uno en Tokio y otro en un shopping de Kyoto. Juan Lanusse, pareja de Cortés y socio del emprendimiento, admite que cuando empezaron «privó el concepto; se fijaron mucho en eso y en el potencial porque -en se momento- estábamos lejos de los estándares de calidad del mercado más competitivo del mundo».

HP France tiene una red de 80 locales multimarcas y la presencia dependen del perfil de cada uno, no todos ofrecen lo mismo. «Empezamos a andar bien en unos y los comentarios internos en la red fue haciendo que otros nos incorporaran», dice Lanusse. Hoy Japón representa 80% de la producción de la marca, unas 60.000 prendas anuales. Además, en ese país, tiene un sistema de venta digital propio que gestiona 20% de las operaciones.

La empresa está empezando a ingresar a Estados Unidos a través de un distribuidor multimarca; lo hará con todas sus líneas (colección, homewear, yoga y lencería). «Es todavía incipiente; ya sabemos que es una apuesta largo plazo, al menos cinco años». En esa línea, menciona que la presencia en Japón también se explica porque «para ellos somos Suiza; no les trasladamos nunca nuestros ciclos económicos. Podíamos hasta perder plata, pero seguíamos. Se puede exportar diseño textil al mercado más competitivo del mundo, con márgenes lógicos».

Cortés cuenta que, con el tiempo, fue eliminando las diferencias entre lo exportado y lo que vende en el mercado interno: «Queda algo en los largos y en la tipología, pero hace unos tres años resolvimos que Juana de Arco es una, unificamos todo; ponemos el esfuerzo en el desarrollo del producto».

Enfatiza que después de vivir un tiempo en Miami y explorar las posibilidades de producir en Colombia , India y China , concluyó que «el proceso es complejo, pasa por varias instancias y sólo logramos hacerlo en la Argentina. No es una producción simple y acá la entienden. Eso me deja contenta porque es única y no lo pueden copiar».

La marca prioriza la sustentabilidad, la reutilización de los materiales y el trabajo con organizaciones sociales. Señalan que es una «búsqueda constante» y que todo ese mix seduce a los japoneses. «Es la perfección de la imperfección, lo artesanal, lo hecho a mano y con muy buena calidad», describe Lanusse.

One thought on “La mosca blanca textil: pese a la crisis, le vende ropa a Japón”

  1. ES RECONFORTANTE QUE UNA PEQUEÑA EMPRESA TEXTIL COMO JUANA DE ARCO, PRODUZCA EN EL PAÍS, EXPORTE MERCED A SU CAPACIDAD CREATIVA, ES UN BUEN EJEMPLO PARA AQUELLOS QUE SOLO PRETENDEN QUE EL ESTADO LOS AYUDE, HACIENDO LOBBY PARA CONSEGUIR VENTAJAS, LAS QUE OBVIAMENTE VAN EN DETRIMENTO DE AQUELLAS INDUSTRIAS TEXTILES QUE NO PUEDEN ACCEDER A ESE TIPO DE CONCESIONES, COMO LA PROMOCIÓN INDUSTRIAL RENOVADA ETERNAMENTE.

    FELICITACIONES JUANA DE ARCO!!!! ASÍ SE HACE…

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