Moda sustentable: el color que imprime la naturaleza

Fuente: La Gaceta ~ Natalia Orozco llegó a Tafí del Valle al encuentro  Diseño argentino artesanal sustentable de tejedoras sin saber que le cambiaría la vida. Siempre sintió un fuerte vínculo con la Madre Tierra y, lejos de su Jujuy natal, en los valles tucumanos encontró la respuesta. Los tintes naturales, la cadena de la lana, las técnicas milenarias de las comunidades terminaron de tomar forma cuando bajó a la ciudad. Hoy tiene su propia marca de diseño de ropa sustentable.

Con su emprendimiento experimenta y retoma las técnicas de producción y de teñido ancestrales. “Con la industrialización se perdió un oficio antiquísimo y precolombino que fue reemplazado por la creación de tintes químicos artificiales que agilizan la producción pero son altamente tóxicos para la Madre Tierra”, explicó.

El principal motor que impulsó al proyecto fue el hecho de haber conocido acerca del sistema industrial de producción de moda, que no sólo es excesivamente contaminante, sino que promueve el trabajo clandestino. “Desde un principio quise generar un cambio en el paradigma de producción volviendo a lo artesanal, tomando el oficio milenario de teñir con tintes naturales e ir rediseñando cada proceso del diseño, así sea sustentable en toda la cadena productiva”.

Natalia conocía de moda, pero no quería seguirla, sino que buscaba algo más profundo, que hablase de un contexto y se inspirase en la naturaleza. Es por eso que tomó la decisión de embarcarse en el mundo de lo sustentable, procurando disminuir la contaminación. “Cuidamos el uso del agua, tratamos de no desperdiciar juntando agua de lluvia”.

Su estilo de trabajo se basa en cero desperdicios textiles (zero waste pattern design), en el uso de tintes naturales de producción artesanal y la creación de los estampados a partir del uso de hojas naturales y residuos orgánicos, como cáscaras de cebolla, yerba mate. Inclusive el diseño del packaging sigue la premisa de crear con la menor huella ambiental posible. Actualmente trabaja con tejidos de algodón provenientes de cooperativas textiles del norte del país, lo que aporta a las prendas un valor social ya que dichas asociaciones trabajan con éticas de comercio justo. “Es importante visibilizar las condiciones en las que se crean las prendas, por eso hacemos foco en la trazabilidad completa de nuestros productos y en la transparencia laboral”.

Su propuesta sustentable no sólo es una manera de demostrar que se puede crear con técnicas más amigables para el ambiente. Natalia logra crear ya sea desde el descarte, los desechos o el reciclaje.

Natalia aplasta un helecho silvestre contra un recorte de tela blanca. Tuvo que viajar hasta las Yungas para encontrar ese pedacito de selva que quedará marcado en la prenda cuando el paso de las horas la oxide. El proceso es lento y puede durar hasta tres días pero a ella le apasiona. Cuando la huella de la hoja quede tatuada en la tela, junto con el pigmento de la yerba mate, todo el esfuerzo habrá valido la pena.

Pablo Ramírez: la osadía en blanco y negro

Fuente: La Nación ~ Con ese tapado de denim forrado en satén rojo, tan pesado y elegante, Gustavo Cerati sube al escenario del teatro Avenida acompañado por Pablo Ramírez. El diseño es de tiempo atrás, cuando el músico le pidió el vestuario para grabar el DVD de 11 Episodios Sinfónicos. “Voy a cantar con una sinfónica y tengo una vocecita pop”, le confesó a Ramírez. El diseñador sintió entonces la necesidad de protegerlo por medio de un abrigo para que se enfrentara a esa situación. “Pensé en unir una prenda, como es el tapado militar y para la guerra, y el material que tenía que ver con el pop, que era el jean. El tapado tenía tanta tela y tanto volumen en su silueta, era grande y pesado, pero él era muy elegante”, recuerda Ramírez, en su atelier, 19 años después.

Cuando llegó la presentación de Cerati en el Colón, Ramírez, que afianzaba su carrera y se perfilaba como uno de los grandes diseñadores de la Argentina, corrió desde su primer desfile en el Bafweek para ver la presentación con la Orquesta Sinfónica Nacional. “El Colón estallaba de gente. No había lugar y me quedé en la entrada, detrás de la cortinita, junto a los acomodadores. Cuando lo vi fue un shock para mí tan grande, era ver mi boceto transformado en Gustavo Cerati, en el escenario del Teatro Colón. Fue la primera vez que sufrí un ataque de pánico, porque me desbordó. Por eso te digo que tengo un alma tortuosa, porque en vez de disfrutarlo.”.

La anécdota describe al detalle a Pablo Ramírez, que percibe la moda en negro y blanco. A puro talento creó un estilo de piezas eternas, tan clásico como sofisticado, con una seguridad, determinación y osadía que se contraponen con su timidez inherente.

Un estilo en la moda que cumple 20 años en marzo, con la presentación de su primera colección, Casta, que remitía a las monjas que lo acompañaron en su escolaridad en Navarro, Buenos Aires. Del otro lado de la pasarela hay un Pablo Ramírez vestuarista, que nació casi en simultáneo con el diseñador y que aún viste a elencos completos de obras de teatro, óperas, ballets y musicales en la Argentina y en el exterior. Su primer estreno fue el Descenso de Orfeo a los Infiernos en el teatro Avenida, dirigida por Alejandro Ullúa, también en el 2000. Hace dos años trabajó para la ópera Tosca, con dirección del brasileño Jorge Takla para su estreno en Montevideo.

Muchos de los vestuarios los realizó para el director teatral Alfredo Arias, como Elle, Divino Amore, Cinelandia y Tatuaje (uno de sus preferidos) “Los vestuarios de Alfredo me han dado siempre la posibilidad de explorar cosas, desde el volumen, el color, la textura, cosas inimaginables”.

-¿Disfrutás de hacer los vestuarios?

-Sí, lo disfruto y lo sufro. Como todo en mi vida. Lo que disfruto en realidad es la parte del juego, pero no es mi juego. Para mí, el dueño del juguete es el director, es el que tiene la visión. Él tiene una idea y un cuento, y quiere contarlo de una manera, entonces me llama para que le haga los vestiditos a sus muñecas. Me encanta ese juego y saber hasta qué punto quieren de mí.

Antes de la experiencia con Gustavo Cerati, Fito Páez lo había convocado para que le diseñara un vestuario para él y su banda. Le hizo una propuesta con tal seguridad y se encontró con una persona tan receptiva que enseguida Fito accedió a vestirse de rojo, y los músicos de blanco, cada uno con un look diferente. Al mismo tiempo, Dolores Navarro Ocampo lo había llamado para que participara del concurso Diseñador del 2000. “El concurso me coincidió justo con lo de Fito, así que medio fue un caos.”

-Caos, pero también exposición.

-Sí, bueno. yo igual siempre las cosas buenas me las tomo en el mal sentido (se ríe). Siempre las vivo de manera tormentosa y dramática. Soy así.

-¿Te desbordó la situación?

-Me suele pasar eso, sí. Mi analista me dice: “Disfrutá del proceso”. Y yo le digo: “Sí, tengo que lograrlo, la próxima”. Pero me cuesta un montón. Ahora lo miro y dimensiono, pero en aquel momento no podía.

-¿Y cómo te abriste camino en la carrera con tanta timidez?

-Creo que tuve dos factores muy grandes. Uno, para mí, tiene que ver con algo que hice siempre. Hoy, siendo una persona grande, miro para atrás y veo al joven que fui y pienso: ¡Qué atrevido! Pero a la vez, yo estaba muy seguro, estaba muy decidido sobre lo que quería hacer y sobre cómo lo hacía.

-Tenías osadía y determinación.

-Había como una especie de inconsciencia en la determinación, porque desde muy muy chico, en cada cosa que hacía, había una determinación. Lo que me movió siempre fue la pasión. No había distracción. Nunca se me hubiese ocurrido elegir otra carrera. Como si el camino estuviera marcado, lo tenía muy claro. Una gran pasión. Y además siento que en un punto fui hacia una dirección y me fui encontrando, a la vez, en el tiempo y en el lugar, con las situaciones y las personas indicadas. Iba por el camino correcto.

Aquella primera colección, “Casta”, fue todo un éxito, le siguieron pedidos y llamados, pero él aún no sabía qué camino seguir. Se unió por unos meses en un showroom con la diseñadora Mariana Dappiano, donde las coloridas estampas de ella se contraponían con el estilo gótico de él. Fue cuando recibió su primer -e insólito- pedido de traje de novia: una mujer le encargó el mismo vestido de cuero negro con el que había cerrado el desfile.

Claro que hay colores. Azul, rojo, fucsia, anaranjado. Pero Pablo Ramírez solo abre la paleta cuando hace vestidos a medida, “cuando pongo mi mirada en función de otro, entonces sí trabajo color”. Pero en sus colecciones prêt-à-porter todo es negro, y blanco. El color es sólo personalizado.

Hubo una excepción, quizá de esas que confirman la regla. Cuando en el verano de 2005, a pedido de sus socios de entonces, el diseñador creó la colección “Fiesta”, donde cerraba con t-shirts negras, blancas, azules y rojas. “Lo gracioso es que cuando terminó la temporada, se habían vendido las blancas y las negras y habían quedado las rojas y las azules, esas no se habían vendido”, recuerda.

-¿Por qué el negro? ¿Fue una estrategia, una decisión o un gusto?

-Fue una decisión. En realidad. tengo que decir la verdad. Cuando antes de mi primera colección viajé a Nueva York, empecé a dibujar sobre papel negro con tinta blanca. Pensaba nada más que en siluetas negras. Cuando volví a Buenos Aires y fue el concurso, me dije: quiero que sean trajes negros. Cuando presenté la colección, empezar ahí fue directamente bueno, una declaración: yo quiero ser un diseñador de ropa negra, quiero crear ropa clásica que sea atemporal, que atraviese el tiempo, que la gente pueda coleccionar como piezas, como objetos, desde el primer momento. Me escucho ahora, 20 años después, y pienso: ¡qué atrevido, qué ambicioso!

-También diseñás en colores.

-Sí, sí, sí. No hago color en mis colecciones. No vas a encontrar color en mi perchero, pero para quien viene al atelier hago color, color personalizado. Ahora tenemos la tienda en Recoleta [en Ayacucho 1984, donde se mudó desde San Telmo hace dos años], con mucha más exposición. Hay gente que ve un vestido y pregunta: “¿Me lo pueden hacer en color?” Igual, a mí me encanta, no es que tenga algún problema con el color y que me haga mal o me moleste, de hecho lo disfruto, pero yo soy negro.

-¿Qué te gusta del negro? ¿La elegancia?

-Hace un tiempo me llamó Nicole Neumann y le presté dos looks para el Bailando… Se puso un smoking negro y luego un vestido blanco. Yo tenía su imagen con cosas medio estridentes y cuando la veo con el smoking negro, fue como una especie de tranquilidad visual. Era un oasis. Esa es la sensación que me da. Siento que el negro subraya a la persona. No encuentro otro adjetivo. Es como si la ropa, de alguna manera, no tuviera protagonismo, lo que tiene protagonismo es la persona. Lo que yo hago es silueta, una silueta donde no importa bien lo que tenés puesto, es como una sombra, que te favorece, que te mejora, que te estiliza. Pero la que te ves bien sos vos, definitivamente. Yo la veía a ella y decía: se ve divina. Y lo mismo con el vestido blanco, se veía espléndida.

-Una identidad tan fuerte, ¿se tiene que renovar en algún momento?

-De hecho, cuando empecé con todo esto, me cuestionaban que no era un proyecto comercial. ¿Cuán comercial puede ser querer hacer esto?

-¿Y vos le veías proyección comercial?

-Soy idealista, entonces veía unos ideales muy marcados. En ese entonces no existía para nada el concepto de sustentabilidad y yo estaba de alguna manera desarrollando algo que tenía que ver con la sustentabilidad. No quería hacer ropa descartable. Yo quiero hacer cosas que perduren, con buenos materiales, bien cortada, que la moldería esté bien hecha, que te calce bien y que digas: “Adoro este pantalón, amo este vestido, amo esta camisa, la quiero conservar, la quiero cuidar y es tan buena que me dura. Y como es tan buena y me dura, voy a comprarme otra prenda u otra pieza de este diseñador, porque sé que me funciona y lo puedo combinar con otras cosas”. En la moda no hay fórmulas. Esto que yo había mirado y había criticado trabajando para otras marcas cuando iban atrás de lo comercial, me permitió no ser víctima de eso.

-Pero terminaste haciendo una fórmula vos también.

-Sí, pero todo el tiempo me doy cuenta de que. Por ejemplo, yo siempre hice novias y hoy sigo haciendo novias y nunca dejé de pensar que el vestido a medida es algo que está fuera de escala para la realidad en la que vivimos. ¿En qué país del Primer Mundo alguien se hace un vestido a medida? ¿Qué profesional sueco, español o francés va a ver a un diseñador a que le diseñe el vestido?

-¿Y por qué acá sí se da ese fenómeno?

-Eso está desfasado, y en realidad eso tiene un costo que.

-Es excesivo y exclusivo.

-Pero que no pasa por lo esnob, o por lo menos yo no le pongo el precio por esnob. Hay gente que por ahí piensa que el vestido a medida tiene que tener veinte entrevistas, yo no juego a eso. Vos venís con el zapato y la ropa interior que vas a usar, te tomo todas las medidas exactas. Después de eso, hago un maniquí con tus medidas. No es como en la casa Dior, no conservo los maniquíes de todas mis clientas. Yo armo el maniquí con tus medidas hasta que te entrego el vestido y, cuando te lo entrego, lo desarmo. Te lo probás dos veces.

-¿Buscás la perfección en todo lo que hacés?

-(Se ríe) Sí, sí. Es una búsqueda mía la perfección, absoluta. Lo tengo innato. No sé por qué, pero es así y creo que lo tengo en el ADN, porque mi hermana es igual, mis sobrinos también.

-Pero, ¿hasta la obsesión?

-Y, sí. El límite está bastante con la obsesión.

-¿En tu casa sos ordenado como en el atelier?

-Sí, pero como todo, siempre con vías de escape. Por ejemplo, me pasa que viene alguien y me dice: “Está impecable”. Y yo digo: “No, para mí está hecho un desastre”. Sé que tengo que aflojar. Me ha pasado con cosas que yo veo mal y que el otro no registra. O al revés, me llama la atención que la gente tiene en cuenta mi mirada de una manera y yo no. Me incomoda o me pone mal por el otro cuando la gente me saluda y me dice: “Ay, discúlpame que no tengo vestido negro”. Y yo digo: “¡No, por favor!”. Porque de verdad no me estoy fijando. Me conecto con la gente por otro lado.

-¿Cómo te llevás con ese mundo de celebrities? ¿Te divierte o es un mal necesario?

-Un mal, seguro (se ríe). Me parece muy agotador el sistema. Es lo mismo que te decía del vestido a medida, porque está muy fuera de escala acá. Encima, ahora entró en circulación el mal de la vestuarista o de la asesora de vestuario, o de la estilista. Yo no atiendo a nadie que no sea la persona en sí misma. El problema, en general, es que se pretende comparar lo que hay acá con lo internacional, y lo internacional es otra escala porque estás hablando, primero, de megaestrellas que mueven millones, y megacompañías, como Dior, Chanel, Saint Laurent. Yo soy un diseñador independiente, que tengo un solo local y una tienda online. Además, no hay coherencia, porque una actriz o una cantante hoy se lleva un traje mío, lo usa hoy y mañana sale vestida de cualquier cosa. No hay una fidelidad, no hay un seguimiento, no son embajadoras de Pablo Ramírez. En ese momento visten Pablo Ramírez, y además tampoco tenés la certeza ni la seguridad de cómo lo usará, con otro collar o peinado que le asesoraste. Entonces, es muy desgastante. Y además yo no tengo un piso en mi atelier dedicado a atender celebrities con un departamento lleno de asistentes buscando ropa. Somos nosotros. Lleva un montón de tiempo.

-¿Es una forma de visualización?

-Por supuesto, yo con todas, desde Cecilia Roth hasta Natalia Oreiro o quien sea, habla conmigo y vienen a acá. No puede venir alguien X en representación a buscar ropa, a llevársela para que se la pruebe. De ninguna manera. Y si viene a acompañarla, que la acompañe, pero la persona que la va a asesorar cuando se está vistiendo soy yo.

-Decime tres personas a las que disfrutaste vestir .

-Marilú Marini para mí es como lo máximo, es alguien que le das un pañuelo y que hace alta costura con eso. Es como el súmmum. También, Lucrecia Martel y Carolina Peleritti.

En su atelier amplio y luminoso, los maniquíes dan la bienvenida con su línea de bijou. Detrás de un escritorio impecable, una biblioteca ordenada, con libros principalmente de moda, se exhiben algunos de sus premios: el Konex Artes Visuales, el Fashion Edition otorgado por el fotógrafo de moda Scott Shuman, de The Sartorialist, las Tijeras de Plata y de Oro de la Cámara Argentina de la Moda.

-Al principio de tu carrera decías que te identificabas con el escritor Manuel Puig, ¿por qué esa identificación?

-Primero, me identifiqué con esa necesidad, de ser un chico de pueblo queriendo escapar del pueblo; con esto de cultivar una imaginación y un mundo propio e interior muy grande. Me cautivaron siempre todas sus novelas. Después empecé a estudiar sobre él y ahora, de grande, tuve la suerte de conocer a mucha gente que lo conocía.

Su pueblo, del que quería escapar, es Navarro, Buenos Aires, a 133 kilómetros de su tienda en Recoleta. Ahí nació hace 48 años, donde vivía con su papá mecánico, su mamá ama de casa, su hermana y hermano.

-Cuando volvés a esa infancia, ¿qué imagen tenés?

-La verdad es que ya estoy grande y siento que me reconcilié con todo eso, no tengo traumas de la infancia, pero sí siento que, de alguna manera, eso marca el camino que uno toma indefectiblemente. Hoy hablo con mi sobrino o con mi hijo [Valentín, de 19 años, hijo de su pareja y socio Gonzalo Barbadillo] los escucho y pienso: “No tengas dudas de que lo que estás padeciendo hoy va a hacer a la persona que serás mañana”. Hoy es difícil que veas en perspectiva cómo vas a transformar esto.

-Eso vos lo transformaste en creación.

-Claro, creo que sí, que de alguna manera todos logramos rearmarnos o construirnos en función de dónde venimos o de quiénes somos. Si pienso en mí como un niño, por un lado me pienso como un chico normal y, por otro, me pienso como en una rareza también.

-¿Por qué hiciste el secundario pupilo?

-Terminé el colegio primario y en Navarro había cinco secundarios, y en séptimo grado les dije a mis padres -no sé cómo hice todavía-: “Quiero ir pupilo”. Lo pienso al día de hoy. Quería ir pupilo porque no me gustaba ningún colegio, pensaba que el secundario sería un infierno y que la pasaría mal. Era eso, le tenía miedo al bullying en realidad. Necesitaba escaparme de Navarro, y el pupilo estaba en Luján.

-¿Y ahí la pasabas bien?

-Sí, pero cuando llegué, dije: “¿En qué me metí?”.

-¿Cómo influyeron los hábitos eclesiásticos en tus diseños?

-Creo que un poco esto que acabás de observar tiene que ver con esa imagen que para un niño es tan imponente. Esta figura que aparece toda vestida de negro, que tiene ese misterio y, a la vez, después, cuando uno accede a la monja, a la hermana o al padre, te encontrás con un ser humano que tiene otra historia. Yo iba a un colegio religioso en el que las monjas vivían ahí, entonces de chico estaba el misterio.

-¿Quiénes te acompañaron desde esa infancia al camino de la moda?

-Una de las primeras señales fue en el secundario, cuando Eva, una amiga de mi madre, que vivía a la vuelta, me trajo una nota de la nacion que decía que se hacía el primer concurso de Alpargatas, y yo me presenté con 14 años. Armé los bocetos y me vine a Buenos Aires a presentar la carpeta. Yo estaba todo el día dibujando. En mi casa es como que no sabían qué hacer conmigo. Al mes, me llegó una carta por correo postal diciéndome que no había quedado seleccionado. Al retirar la carpeta, me recomendaron que siguiera participando.

-¿Tu familia te acompañaba?

-Sí, sí. No me sentía estimulado, quizá, pero tampoco era censurado. Estaba medio boyando. Por eso, de adulto digo: “Pobres, hicieron lo que pudieron”. Y decís: qué difícil. Ahora puedo tomar conciencia y pensar en todo lo que me dejaron hacer. Pero nunca tuve problemas de enfrentarme porque siempre logré la forma de acomodarme y de hacer lo que yo quería. Siempre, en realidad, hice lo que quise sin tener que rebelarme.

“Nunca tuve la fantasía de tener una marca propia”, reconoce a la distancia de aquellos años de aprendizaje. “Así como nunca me imaginaba cómo podría llegar de Navarro a Buenos Aires y entrar en el mundo de la moda. Lo tenía como meta, pero no sabía cómo lo haría. En el secundario, mi mamá me decía: “¿Por qué no le mandás unos bocetos a Roberto Giordano o le escribís a Pinky”. Y yo le contestaba: “Ni loco, porque soy muy tímido”. Veinte años después la vestí a Pinky. Las vueltas de la vida. Nunca fui atrevido, de mandarme, pero sí de estar muy concentrado en hacer lo que tenía que hacer. Yo lo que quería era trabajar en diseño y cuando empecé a trabajar, ya estaba”.

Antes de “Casta”, su primera colección de pasarela, hubo un camino que comenzó con un jumper de jean. Estudiaba en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo [“una de mis mejores experiencias, me abrió la cabeza por completo. Era un momento muy efervescente, porque en la carrera empezaba todo: desde cómo íbamos lookeados, porque te subías al 160 y ya te dabas cuenta de quiénes estudiaban Indumentaria”] cuando, decidido, volvió a presentarse al concurso de diseño de Alpargatas, aquel del que surgieron varios diseñadores renombrados de ayer y de hoy. Tomó la determinación de ganarlo para conseguir un trabajo que necesitaba tanto entonces. Había intentado sin suerte entrar como cadete de un banco y se había hecho el verano como vendedor de una disquería.

Como tenía que proponer un diseño en denim y tenía tan presentes a las alumnas que lo habían acompañado en el colegio católico, bocetó un jumper de jean, con tres lavados diferentes. A los 15 días, lo llamó el diseñador Mariano Toledo, que estaba en la organización del concurso, para decirle que quedaba entre los finalistas de los 500 que se habían presentado. El desfile fue en el Galpón Hirsch, actual Museum, con toda la troupe de modelos de Pancho Dotto y la efervescencia de los 90. “Todos estaban re nerviosos y yo muy tranquilo. Me di cuenta de que mis diseños les encantaban y yo estaba chocho. Al terminar, gané la primera mención, que era un contrato de trabajo en Alpargatas, que era lo que quería. Pero el animador, Roberto Pettinato, anunció que había un premio especial, que en el jurado había franceses, de un estudio que desarrollaban las líneas de jeans para Kenzo, Pepe Jeans y Armani Jeans, que premiarían con un contrato de trabajo para desarrollar su colección en París de. jumpers escolares. Cuando lo escuché, me descoloqué por completo. Imaginate, de no conseguir trabajo de cadete pasé a tener dos. Esa noche no pude dormir”.

Así comenzó su primer viaje a Europa, con destino a París, donde hizo la colección de jumpers de denim, dibujó estampas de remeras y todos los días aprendía una rutina de diseño diferente. Cuando volvió a Buenos Aires, Alan Faena viajó al mismo estudio porque buscaba un diseñador. Allí mismo le recomendaron que la persona que necesitaba estaba en Buenos Aires y que se llamaba Pablo Ramírez. Así comenzó a trabajar en Via Vai, Gloria Vanderbilt, Hope & Glory, Sol Porteño y Adriana Costantini. Todo el camino que, hace 20 años, lo llevó a crear una etiqueta con su nombre, que hoy representa todo un estilo.

La moda argentina ante un nuevo paradigma de producción: el modelo slow

Fuente: Perfil ~ El encuentro con Mauro Pesoa, diseñador de 26 años que ya suma un Martín Fierro de la moda junto con premios de proyección internacional, se da en un café porteño del barrio donde vive desde hace pocos meses. Su taller permanece en Formosa, donde creció; cerca de su madre, quien le transmitió el oficio familiar: mimbrería.

Hoy esa técnica es el diferencial de sus creaciones, desde prendas hasta zapatos o carteras, siempre reivindicando el valor de lo artesanal y de un modelo de producción “slow”.

-Si bien empezaste hace pocos años, tus diseños acarrean un legado familiar de tres generaciones. ¿Cómo lo aggiornás?

-Parto de lo que significa la mimbrería. El oficio lo aprendí cuando ya había egresado de diseño, gracias a mi madre, Y juntos decidimos aplicarlo a una colección que relataba nuestra relación madre-hijo. Con ella ganamos el primer concurso franco argentino de moda sustentable, allá por 2015, y viajamos a Milán para representar a la Argentina.

Hasta el día de hoy, mi idea es hacer del mimbre el diferencial de la marca, logrando que esté tanto en prendas como en objetos sin que compitan. Soy el único de mi familia que sigue el oficio, es una gran responsabilidad.

-¿Qué te da esta técnica, que no hayas aprendido en la carrera de indumentaria?

-Son cosas totalmente distintas. Si bien en indumentaria vas viendo cómo se generan cosas con diversos materiales, lo hacés como un prototipo. Cuando empecé a trabajar el mimbre, encaré mi proyecto como una marca de consumo fijo. Es difícil mantener una firma que tiene un oficio atrás, sin hacer sillones ni canastas de mimbre que ya se vieron.

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-¿Cómo se compara la artesanía con el diseño?

-Ambos son oficios. En la mimbrería, existen pasos a seguir parecidos a los de la indumentaria. Para trabajar con mimbre tenés que prepararlo una hora antes, ponerlo en remojo, seguir por el trabajo manual… Además, en ambos casos hay que diseñar: pensar antes de hacer.

-¿Cómo desarrollás tus colecciones?

-Las ideas surgen en cualquier momento, y las voy anotando en un libro. Cuando me pongo a pensar una nueva colección, la fusiono con lo que me esté pasando a nivel espiritual o emocional. Mis vivencias en Formosa, siempre presentes.

-¿Qué rol juega la sustentabilidad en la moda actual?

-Debería ser una política de Estado. Hoy en día, hasta la nafta puede ser sustentable. Las marcas de moda deberían, aunque sea, tener visibilidad en toda la cadena de desarrollo del producto; idealmente, un producto slow. En la Argentina hay algodón sin agrotóxicos, materiales de descarte.

Tenemos que pensar en lo que estamos dejando. Hoy los proyectos sustentables son de nicho, producen en pocas cantidades a precios elevados. Pero a la vez está toda esta gente que empieza a consumir responsable, desde lo que come hasta lo que hace en su vida cotidiana, y también quiere vestir así. Es un punto de quiebre.

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-¿Qué materiales utilizás?

-Además del mimbre, algodón sin agrotóxicos. Un tejido que traigo de asunción, hecho de fibras de coco. Y un algodón que, si bien tiene agrotóxicos, está hecho por familias.

-Otro punto clave es la mano de obra…

-Sí, así funciona la economía circular. Cuando trabajás con empresas chicas, sabés toda la terciabilidad de las personas que trabajan allí. Es indispensable conocer la fábrica, ver el estado en que se produce. De eso se trata el rol actual del diseñador.

Ya terminó eso de que compraba una tela y hacía algo fabuloso. Hoy podés competir con industrias enormes, por lo general tailandesas o chinas, cuya mano de obra es desconocida. Pero evolucionar es pensar en toda la cadena. Es tiempo de resignificar lo artesanal.

-¿Cómo compartís esta filosofía con el público?

-Las prendas de mi última colección, Oficio Ancestral, en vez de etiquetas tienen códigos QR. al escanearlos te enterás de quién hizo cada pieza, cómo, qué cantidad de agua se consumió. Si podés tener toda esa información online, incluido el nombre de la marca, ¿para qué desperdiciar metros de etiquetas de plástico?

-¿Notás alguna similitud entre tus adeptos?

-Si bien varían en edades y procedencias, suelen compartir cierta nostalgia. En los años 60, el mimbre tuvo su gran boom, interrumpido en los 80 por el auge plástico. Aquel recuerdo de abuelas, de madres, de la propia juventud, obra como disparador. Por eso creo que el típico modelo de “segmentación” ya caducó.

Según Pesoa, vencida está también la dualidad temporal. ¿Primavera-verano? ¿Otoño-invierno? ¿Medias estaciones? Ajeno a los esquemas, el diseño slow debe sus colecciones al mood de cada autor. Oficio Ancestral fue exhibida en BAFWeek y descripta por el artífice como “metafórica”.

Sus musas “personajes de la mimbrería, cuya labor difiere según su lugar de procedencia”. Su leitmotiv, “resignificar prendas de trabajo”. Mujeres con vestidos repletos de tiras, otrora útiles al momento de trasladar mercadería. Hombres ataviados en overoles, aptos para toda cosecha. Y a modo de colofón, máscaras de mimbre que, ocultando la identidad de sus modelos, concentran la atención en las prendas.

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-Si te abstrajeras del legado familiar, ¿qué te distinguiría como creador?

-Ser joven. Es decir, ser un pequeño factor de cambio. Hacer cosas chicas, sí, pero que van a servir a lo largo. Ya de chico traía eso de “modificar” cuestiones que iban con el cuerpo; ya fuera una remera al revés, un nudo que generara una nueva silueta.

-¿Cómo percibís la situación de la moda argentina?

-Veo un cambio a nivel educación, que es de donde nace la nueva generación. Si enseñás con métodos antiguos, como etiqueta y protocolo, limitás. Así terminás copiando otras marcas.

Las cátedras de ahora trabajan desde otro punto de vista. Hay marcas ya instaladas que, ajenas a esto, intentan hacer algo mucho más fashion que les sirve, obviamente, pero no sé cuánto tiempo puede llegar a durar.

-¿Qué desafíos proyectás para el año que comienza?

Expansión de marca. Estamos cerrando con una plataforma online, independiente, de Nueva York. También hay propuestas de Tokio, pero para encarar ese mercado hace falta cintura. Tenemos que estar preparados.-

Oskar Metsavaht. “Creo que la moda se cansó de la moda”

Fuente: La Nación ~ Ya hace algunos años la revista Forbes lo consideró protagonista por haber creado Osklen, la primera marca de lujo brasilera. Hoy el mundo habla de él por sus múltiples miradas. Es escalador, fotógrafo, ambientalista. Pero le molestan las etiquetas. Oskar Metsavaht, pionero en el movimiento de llevar sustentabilidad a la moda, prefiere hablar de curiosidad, de saltar parámetros y fronteras imaginarias. Pone el acento en el espíritu, confirma que es un personaje absolutamente original, con un discurso profundo que lo aleja de lo pretencioso y lo instala en un espacio único, donde la moda se fusiona con la poesía de la naturaleza.

-¿Se puede ser muchas cosas en la vida?

-Creo que a lo largo de la historia como sociedad fuimos categorizando a las personas y a nosotros mismos dentro del perfil de lo que hacemos por trabajo o lo que estudiamos. O por alguna característica fuerte de nuestra personalidad. Como individuos debemos saltear esos parámetros para explorar nuestra curiosidad, cruzar fronteras imaginarias, realizar lo que el espíritu elige y disfrutar de todos nuestros talentos. No somos una sola cosa definida. Desde joven percibí que tener una profesión era casi como una prisión. Eso me angustiaba.

-¿Cómo se resuelve? Ser libre, incluso elegir no es fácil.

-Volviendo a la pregunta anterior, reflexionando sobre esto… La realidad es que yo no soy muchas cosas. Simplemente soy así. Y no existe en mí una pretensión, sólo experimentar nuevas situaciones y expresarlas a mi manera en diferentes plataformas. Ser libre tiene que ver con el placer de aprender, hacer y probar. Lograr plasmar mis códigos conceptuales estéticos, éticos y de estilo. Quizás todavía estoy diseñando mi alfabeto, mi lenguaje estilístico, tanto en el arte como en el diseño y en el contenido. Creo que donde mejor me expreso espiritualmente es con el arte.

-¿Algún sueño imposible (o casi) con el que fantasees?

-Tal vez poder vivir más que los probables 90-100 años que nuestra generación puede alcanzar. Creo en la esencia humana, la capacidad que tenemos como seres vivos de conocernos y comprender la espiritualidad. Considero que hay una capacidad innata de poder pensar sobre nuestra propia conciencia, percibir la poesía del arte, la razón de la ciencia y de nuestra propia existencia. Pienso que la búsqueda de la vida eterna nos mueve como civilización. Creo en el hombre, no en Dios. Considero que, si existe algo que podemos llamarlo así, está entre nosotros tal como cada uno elija percibirlo.

-¿Qué cosas no aceptás como artista?

-Los dogmas. Mi trabajo como artista es explorar el arquetipo de nuestra espiritualidad, que para mí surge de observar los elementos de la naturaleza en armonía con nuestra percepción y sentidos. Este verano en Punta del Este tendré dos obras de mi serie “Divina Geometría”, expuestas en la feria Este Arte.

-Pregunta trillada seguramente. ¿Pero cómo definís Osklen?

-Es una forma de expresión en diseño y comunicación de mi estilo de vida y el de los que me rodean. Soy un voyeur. De ellos absorbo los elementos visuales y conceptuales para la marca. En estas tres décadas logré un buen blend de lo urbano en equilibrio con la naturaleza. Osklen no fue creada estratégicamente. Jamás pensé que iba a diseñar moda o tener este negocio. La magia de la historia es que mi marca fue una coincidencia, algo que nació de la necesidad de crear para mí y mis amigos una vestimenta técnica para la montaña.

-Tu primer diseño fue una campera para escalar el Aconcagua, ¿no?

-Sí. Las piezas empezaron a ser apreciadas, a tener demanda, al menos dentro de mi tribu. Pero lo que nació en 1989 a raíz de una expedición al Aconcagua era simplemente una idea. No había más intención que eso. Luego mis amigos me empujaron a seguir creando y me fui moviendo al surf, al snowboard. En el 2000 me volqué a la moda. Me da placer haber logrado que la marca siga teniendo esa originalidad que la caracterizó desde un principio. Y pionera en sustentabilidad. Siempre quise que fuera percibida en Brasil y el mundo por esas características, y por su vanguardia en diseño. Además de ser siempre coherentes.

-¿Qué te sucede con Punta del Este? Acabás de inaugurar tu segundo espacio en José Ignacio.

-Es un lugar con el que me identifico bastante y creí que los habitués tienen mucho que ver con lo que yo propongo. Este nuevo local, bien pequeño, es un espacio de auténtica expresión de nuestro estilo. Tiene la misma onda de la primera tiendita que abrimos en Buzios, en 1989.

-¿Existe la posibilidad o el deseo de regresar a Argentina?

-Mis socios de Alpargatas prefirieron cerrar la tienda de Buenos Aires. La economía de ustedes no ofrecía perspectivas. Ahora nuestra estrategia es fortalecer Europa. Mi relación con Argentina es personal. Amo su cultura, su gente, soy muy amigo de Julio le Parc y familia. Lo admiro como persona y artista. Es un style icon para mí. Es más, la idea de hacer algo juntos surgió en un almuerzo en José Ignacio. Yo lo admiro a él y él se viste mucho con Osklen. Por lo tanto vamos a lanzar una colección en colaboración. En febrero durante Friezze en Los Angeles; y en agosto en nuestras tiendas.

-¿Te eligieron como embajador de Buena Voluntad de Unesco?

-Es de los desafíos que más me agradan. Soy embajador para la sustentabilidad y cultura de la paz. Con ellos comencé mi relación en Brasil hace 17 años, realizando proyectos para diferentes áreas. En el 2010 fui convocado para formar parte de un selecto grupo de personalidades de la cultura mundial. Es un honor.

-¿La Semana de la Moda de San Pablo sigue promoviendo el surgimiento de grandes creadores originales?

-Hace 2 años que no participamos de la semana de la moda. Estamos experimentando otras formas de expresar nuestras colecciones. Creo que la moda se cansó de la moda.

-¡Qué buen título!

-Hay muchas marcas, hay muchos nuevos diseñadores, estilistas, editores de moda, influencers. Parece que todo el mundo ha querido convertirse en un profesional de la moda en la última década. No existe este espacio en mi opinión, y creo que la sociedad debería pensar en otras cosas que hacer hoy, y que no sea moda! Sospecho que el Fashion Week de San Pablo desaparecerá. Es un formato hipercomercial, que ya no respeta las críticas de la moda verdadera y no superficial como la que existe hoy en día.

-¿Qué pensás de los influencers?

-Desafortunadamente, los principales editores de moda y críticos han perdido terreno ante los informantes que tienen muy poca o ninguna cultura de moda. Para mí se perdió el placer de preparar un desfile. ¿Para qué? ¿Para mostrarle a un público que sólo quiere hacer una buena foto por el impulso y salir corriendo a ver otra propuesta?

-¿Cómo debería ser un desfile?

-Para mí es como presentar una tesis de maestría cada seis meses. Recibir comentarios de aquellos que entienden del tema es lo que más nos vigoriza y hace mejorar. Pero esto se acabó. La semana de la moda hoy (no París y Milán que aún tienen coherencia) sirven para vender las principales marcas de moda rápida y lanzar “nuevos diseñadores”. Nada más.

-¿La alegría brasileña corre peligro o ese adn siempre podrá con todo?

-Yo no expreso sólo la cultura brasileña sino lo que me rodea. Mi mirada tiene mucho de Río de Janeiro porque es donde vivo. Además, en las últimas décadas la ciudad ha sido una de las expresiones universales de la cultura del estilo. Brasil se encuentra en una crisis política y económica. Pero Río y su cultura es para siempre, sigue significando lo que siempre significó. Nunca podrán con su esplendor.

-¿La alegría brasileña corre peligro o ese ADN siempre podrá con todo?

-Yo no expreso solo la cultura brasileña sino lo que me rodea. Mi mirada tiene mucho de Río de Janeiro porque es donde vivo. Además, en las últimas décadas la ciudad ha sido una de las expresiones universales de la cultura del estilo. Brasil se encuentra en una crisis política y económica. Pero Río y su cultura es para siempre, sigue significando lo que siempre significó. Nunca podrán con su esplendor.

Mauro González, empresario textil: “Las PyME todavía no cambiaron su situación de hace seis meses, pero ha cambiado el rumbo económico y política”

Fuente: El Intransigente ~ Las medidas económicas del presidente Alberto Fernández y del ministro de Economía, Martín Guzmán, fueron bien recibidas por una gran parte de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyME). En los treinta días de gobierno, se impulsó la moratoria impositiva, la suspensión de embargos de cuentas, el congelamiento de tarifas, y las licencias no automáticas para comercio internacional

“Las PyME todavía no cambiaron su situación de hace seis meses, pero ha cambiado el rumbo económico y político”, indicó Mauro González, empresario textil. “En solo 30 días logramos respuestas concretas para el sector, como la moratoria impositiva, la suspensión de embargos de cuentas, el congelamiento de tarifas, entre otros”, detalló el empresario textil en declaraciones con C5N.

En lo relacionado a los indicadores económicos, Mauro González expresó que “la tasa de interés está al 50 por ciento”. “Sigue siendo alta”, manifestó el empresario textil. “Hay que avanzar en el tema de subsidiar las tasas para las PyME”, consideró González. A pesar de esta situación a las que se enfrentan las pequeñas y medianas empresas, el empresario textil reconocieron que podrán pagar “el incremento de $4000”.

Héctor Costa, analista político, expresó que “hay un cambio psicológico en el empresario PyME”. “Antes había mucha incertidumbre financiera y económica sobre qué hacer, ahora, en cambio, hay un norte”, continuó Costa. “Todos tenemos que hacer un sacrificio hasta junio al menos”, consideró el analista político. “El Gobierno necesita recaudar para hacer frente a las deuda”, manifestó.

En este sentido, Mauro González se refirió al campo, donde expresó que “es un sector particular”. “A treinta días de la nueva gestión hace reclamos, aunque los problemas vienen de hace 4 años”, sugirió el empresario textil. “Pero hay que hacer el esfuerzo, así que si fortalecemos el mercado interno, las empresas se reactivan”, cerró Mauro González.

Anti-crisis. Churba se asocia con creadores locales y abre un restó en su tienda

Fuente: La Nación ~ “Pienso como el jacquard”, dice Martín Churba. Y alude a ese tejido para explicar cómo aborda él la creación: lo hace en diferentes dimensiones. Referente del diseño de autor con más de veinticinco años de trabajo en moda, ya hace dieciocho que fundó Tramando, la marca con la que realizó cerca de cuarenta colecciones y que cristalizó, además, la tarea colaborativa que viene desarrollando en la Cooperativa La Juanita y la Fundación Hogar de Cristo, entre otras experiencias. Hace cuatro años que Churba le respondió al afán por emprender subvirtiendo el sentido hasta hacer lo contrario: desemprender. Así es que, aun en una coyuntura completamente adversa, se enfocó en los últimos tiempos en la refundación de la firmaque hoy configura un nuevo entramado en su histórica Casa Matriz, en Rodríguez Peña al 1900, al que denominó Ecosistema y que incluye el trabajo de artistas y artesanos de todo el país, quienes en ese espacio pueden exhibir y vender sus productos (calzado, joyas, pañuelos, tapices, entre otros). Además, se fusionará con una propuesta gastronómica del reconocido chef argentino Germán Martitegui, para la cual se está terminando de acondicionar un espacio en la tienda que funcionará a partir del mes próximo como restaurante.

-¿Cuál es la principal novedad en este relanzamiento?

-Es el renacimiento, porque es la posibilidad de reformular un proyecto en un país tan crítico, con una economía tan frágil y con relaciones económicas con el exterior tan lábiles que te pueden aplastar las ganancias de un negocio con la suba de una décima de dólar. Acá lo que debería ser estable es inestable. Entonces hay que transformar en estabilidad otras cuestiones que dependen de nosotros. En ese sentido el renacimiento está basado en otro paradigma: si bien está presente la idea de la marca de autor, las prendas de línea, las dos colecciones por temporada, lo que cambia es la proporción. Hay todo un espacio en el nuevo Tramando que está dedicado a la promoción, visibilización y a la capilarización de proyectos que tienen como coeficiente el diseño, pero que, de alguna manera, están ligados al vínculo de nuevas relaciones comerciales. Pueden ser creadores de las provincias, organizaciones cooperativas u otras dinámicas que inclusive llegan a esta idea de que la ecuación comercial también puede ser distinta. Tal vez más parecida al comercio justo, bastante más transparente, más trazable, con el nombre de los creadores en las etiquetas, en un Ecosistema que tiene presencia física pero también online, con la narrativa de toda la historia detrás del diseño.

-En la metáfora de la trama que trabajás desde que existe la marca -de ahí el nombre-, ponés en valor el trabajo colectivo, ¿la estabilidad tiene que ver con eso?

-La estabilidad parte del trabajo, del diseño colectivo. La experiencia de todas las colecciones con Tramando hizo que podamos trabajar asesorando sobre temas de materialidades y comerciales, o creando con otros. Y es verdad, la estabilidad está dada por los vínculos colectivos a través del diseño.

-¿Cómo se hizo la selección para configurar este Ecosistema?

-No me estaba yendo bien económicamente, necesitaba generar otro tipo de ingresos. La venta de ropa estuvo muy golpeada, tuve que hacer una reestructuración y necesité el doble de presupuesto porque desarmar es más caro que armar. Me llamaron de Rosario, provincia de Buenos Aires y Mendoza, y en esos encuentros tuve la posibilidad de conocer a gente que estaba interesada en trabajar en workshops conmigo. Vi sus producciones, ahí pude hacer una selección bastante interesante y, sobre todo, hacer clínica con los creadores, buscar cuál era el valor que ese creador podía agregar, la ventaja que le podía dar o una mirada de diseño curatorial. Fue una mayoría de gente que aprovechando la oportunidad pudo producir y eso hoy está exhibido en la tienda. Tenemos zapatos, collares, carteras y todo tipo de investigaciones en materiales muy diversos. Y eso genera una cofradía interesante, entre ellos comienzan a darse recursos.

-En un mundo virtualizado, es algo contracultural, es volver a lo primigenio…

-Claro, además es darle una oportunidad a alguien que se siente lejos de las oportunidades y lo que sucede es que, cuando la adquiere, se esmera mucho. Eso se ve en el trabajo, pasión y producción.

-¿Cómo es la respuesta de los clientes?

-Excelente, a la gente le encanta lo que ve y después se entera de que surge de una cooperativa y que su plata tiene llegada al que lo necesita. En cuanto al diseño, me animo a decir que está a niveles internacionales, no porque lo internacional sea mejor, sino porque viene gente que está acostumbrada a consumir diseño, sean locales o turistas, y encuentran total empatía con las producciones.

– ¿Cómo se inserta la propuesta gastronómica?, ¿en qué consiste la idea?

-El restaurante es de Germán Martitegui, quien tiene la característica de ser un chef bien autoral. Él va a diseñar una propuesta vegetariana que va a ir en línea con los nuevos paradigmas de la alimentación, acorde a nuevas tendencias actuales. Hay una idea como muy artesanal porque no habrá mesas, sino que los cocineros van a preparar los platos frente a cada comensal en una gran barra. Se sentarán y verán cómo se procesa la comida.

-Volviendo a lo colectivo: en la moda en general para algunos ya queda fuera de lugar la idea del diseñador estrella, ¿cómo lo ves?

-A mí me parece que los íconos de la moda son bienvenidos, divertidos, comerciales, pero es ineludible la fuerza que tienen las nuevas generaciones o las nuevas visiones de la moda. Tal vez la iconografía que habla de una idea más épica y de crear una historia es un juego divertido, pero creo que le gana el hecho de cómo nos vestimos y cómo nos vamos a vestir, qué podemos aportar a lo que ya existe, cómo lo podemos construir. Me parece que lo participativo incluye a las nuevas generaciones. Entonces la idea del trabajo se vuelve más atractiva. Aquella que está preparada para transformarse generacionalmente, pensar qué somos y cómo buscamos impactar. Lo sustentable no solo desde lo ecológico sino también desde lo social. Encontrar espacios para hablar de una moda más inclusiva que, sin dudas, nos va a dar más futuro.

-¿Qué le sumarías al documento fundacional de Tramando?

-Muchas veces caí antes de tiempo, por eso ese manifiesto tal vez tenga lugar hoy. Le sumaría que es posible. Es lo que está aconteciendo. Cuando te metés a hacer cosas nuevas no sabés si será posible o no, ahora ya sabemos que el mundo necesita un diseño social, colectivo, una mirada inclusiva. Ya no, la moda exclusiva como se jugó durante tanto tiempo en un país tan pobre. Todos los que estamos un poco mejor podemos tratar de arreglar las cosas en general, ser inspiradores de buenas prácticas. Finalmente, los que tenemos un poco de visibilidad la tenemos que usar en ese sentido. Si nos están mirando, inspiremos a ser buenos ciudadanos. Si nosotros creamos diseños genuinos y auténticos estamos construyendo algo más allá de nuestro propio resultado, que es nuestra identidad colectiva y eso sirve para todos.

-¿Cuál fue tu ganancia -no monetaria- hasta ahora?

-Hace cuatro años me puse a desemprender. Nuestra sociedad te enseña el éxito. Pero ¿quién te enseña a decrecer?, ¿cómo hacer cuando no tenés un mango porque el negocio no te da? Hoy, si me preguntaras qué consejo le daría a alguien que está empezando, le diría que sea muy cuidadoso en lo que construya porque la idea de éxito queda obsoleta y deja de ser oportuna. A veces una pequeña escala es lo mejor, habla de pequeños vínculos, pero sólidos, en un territorio un poco más firme. Crecer en la Argentina en general y en la moda en particular es complicado. Hay que entender más allá del mercado. No es la única variable, es muy importante, pero también hay otras.

-¿Te genera alguna expectativa el nuevo gobierno?

-Mucha, porque me interesa la alternancia. Como me pasó cuando vino el gobierno anterior, sentí la posibilidad de que algunas estructuras no quedaran instaladas. Ahora con este recambio tengo esperanzas. No quiero llenarme de expectativas, pero soy un tipo bastante positivo. Sigo creyendo que con buenas políticas, conectadas, puede haber agilidad, cambio, dinámicas, y voy a estar apoyando y empujando este proceso de alternancia, usando la democracia como medio. Más allá de que elija o no a los gobernantes, es nuestro gobierno, nuestro país, nuestra producción, economía y comunidad. No tengo dudas de que la alternancia es sana. Hoy estoy acá y mañana estoy enfrente. Eso me hace un ser humano más maduro, más inteligente.

Drescher, de la Cámara de indumentaria: “Se puede bajar la informalidad 15 puntos en cuatro años”

Fuente: IProfesional ~ El representante de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) dialogó con iProfesional respecto de los beneficios para la industria nacional

Cada gobierno tiene un modelo donde hay ganadores y perdedores, y en el caso de la recién iniciada gestión de Alberto Fernández todo parece apuntar a que la industria nacional será uno de los sectores beneficiados, por el objetivo de impulsar al consumo interno.

En especial, se estima que el rubro textil será uno de ellos, ya que fueron uno de los ámbitos más golpeados en los últimos años con cierres de plantas y caída en las ventas.

Según la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), que representa hace más de 70 años a todos los empresarios ligados a la confección y la moda, existen 10.000 pequeñas y medianas empresas vinculadas a la confección de prendas, que se venden en unos 250.000 locales. Incluso, toda la cadena textil, indumentaria y calzado emplea a unas 400.000 personas.

Para conocer la opinión de la situación actual del país y sobre la problemática de este rubro nacional muy significativo, Claudio Drescher, presidente de la CIAI, dialogó con iProfesional.

-Da la sensación que con el cambio de Gobierno el sector de indumentaria es uno de los ganadores del nuevo modelo…

-Si hablamos en términos futbolísticos, ningún partido está ganado antes de jugarlo, así que no hablaría de “ganadores”. El desarrollo de las propuestas del nuevo gobierno va dirigido a reactivar la economía, respetar a la industria y desarrollar al mercado interno y las exportaciones. Todos esos puntos tienen que ver con el conjunto de la industria de la indumentaria en Argentina, con lo cual estamos esperanzados en que pueden avanzar en estas medidas y que, en ese caso, los ganadores son todos porque está referido al empleo, a los niveles remunerativos y al beneficio del conjunto de la población.

-También el Gobierno sube impuestos para recaudar más, ¿cómo los impactaría este doble juego que por un lado ayuda a incrementar el consumo pero por el otro hay más gravámenes?

-La carga impositiva es enorme para todos aquellos que estamos en torno a la formalidad. Estimo que el Gobierno va a hacer hincapié en una distribución más equitativa del ingreso, con lo cual me parece que vamos a tener que pagar más impuestos aquellos que estamos en condiciones de pagarlos desde el punto de vista personal. En cuanto a las empresas, me parece que las pymes tienen que estar protegidas por esta estructura y saber bien qué cobrarles y cómo cobrarles.

Las primeras indicaciones hablan que no es la idea ampliar los impuestos a las ganancias a las empresas que están formalizadas, sino de ir sobre bienes personales y buscar esos circuitos. Pienso hoy que la formalización de la economía es un tema central porque el 40% está en negro, por lo que más allá de subir impuestos, sobre todo es fundamental disminuir radicalmente la informalidad y ponerla en los niveles aceptables que puede tener un país latinoamericano. Es decir, se puede bajar la informalidad unos 10 o 15 puntos en los cuatro próximos años, que significa mayor recaudación.

-En cuanto a las necesidades concretas de su sector, ¿qué pedidos le haría al Gobierno?

-Nosotros no tenemos demandas con respecto al nuevo Gobierno, sino que tenemos propuestas que tienen que ver en lo que podemos aportar en este momento tan difícil de la Argentina desde el punto de vista macroeconómico. Si se llaman demandas a lo que significa tener una acción fuerte con respecto al desarrollo industrial y al del mercado interno, no lo veo como una demanda sino como una similitud de inquietudes y que estamos en la misma línea.

-¿Cuál es la capacidad ociosa que tiene su sector y cuándo calcula que podrían empezar a crecer?

-Hoy estimo que la capacidad ociosa global de nuestro sector, entre formal e informal, debe estar en el 50%. ¿Cómo podemos reaccionar? Nuestra industria reacciona muy rápido frente a las dificultades y al mercado cuando éste se mueve. De cualquier forma, puede producirse un cuello de botella por todos los talleres y fábricas enormes que se cerraron en indumentaria y calzado, que antes eran proveedores de las marcas deportivas, incluso de núcleos como los hipermercados y Falabella y Zara, que son grandes operadores de volúmenes.

Es algo que se habla menos en los medios de comunicación, ya que se concentra más en hablar sobre el tema en las marcas y en los shopping center, pero estos son sólo el 20% del volumen global del mercado. Fuera de ese 20%, se ubican los hipermercados, Falabella y Zara (que levantó todo el abastecimiento en Argentina).

Por eso, cuando se quiera retomar esa senda de impulso nacional, va a haber un dólar alto y alguna limitación en las importaciones. Esto va a significar un pequeño cuello de botella durante un tiempo que se va a necesitar resolver, pero es algo que va a generar actividad y empleo, así que es bienvenido.

Grippo. El argentino radicado en Brooklyn que fue pionero en diseñar con basura

Fuente: La Nación ~ Hablar de diseño del reciclaje suena a una tendencia actual, sin embargo, Gabriel Grippo es pionero que incursionó en esta práctica mucho antes. Comenzó su carrera a mediados de los años 80 y formó parte junto a Gabi Bunader y Andrés Baño, tras la participación en la Bienal de Arte Joven de 1989, de la primera camada de diseñadores de moda en dar una mirada joven y personal a la moda argentina, que hasta entonces pasaba por los grandes desfiles en los hoteles de Buenos Aires. Grippo compuso un método propio de reciclaje que estuvo conectado en el tiempo con el del diseñador belga Martin Margiela: ellos crearon diseños con objetos encontrados y los reasignaron como productos de moda. Gabriel Grippo diseñó con sobrantes de cueros para la confección de camperas, intervenía jeans, las hilachas y las costuras fueron visibles en las ropas, pintó a mano las prendas, hizo patchwork con retazos en forma de corazón y margaritas, con las frazadas confeccionó abrigos y selló su trabajo con la etiqueta “Grippo-Producto Diseñado”.

Entre puestos de carnes y verduras tomó un espacio en el mercado de Retiro y abrió “Su Puesto de Moda”, un lugar donde se hacían desfiles performáticos, exposiciones y se vendía la ropa de los nuevos diseñadores. Al abrir la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil en la FADU dio clases en la cátedra Skific-Saltzman. También fue pionero en el gesto de llevar moda a espacios de arte: en 1992 hizo una muestra en el CAyC donde montó una retrospectiva de su trabajo y su método de reciclaje. En 2005 sus creaciones nuevamente fueron revisadas junto a las de Rosita Bailón y Pablo Ramírez en “Moda en progresión” – bajo la curaduría de la periodista y directora editorial Ana Torrejón – en el MALBA. En 1993 se instaló en New York, también pasó por Londres y París donde se empleó en los estudios de John Galliano, GAP, Filippa Naess y con Liliana Casabal en Morgane Le Fay. Hoy está asentado en Brooklyn con GGrippo art+design, una tienda y taller textil enfocado en el diseño sustentable.

~ ¿Cómo y cuándo surge tu método de reciclaje?

El proceso de construcción con materiales reciclados surgió espontáneamente, tal vez como resultado de mi innata curiosidad acerca de objetos descartados. Unos de los primeros proyectos en que recuerdo haber trabajado es una línea que hicimos con Isabel Donatti, mi entonces socia de diseño. La llamamos Napoli y consistió en una mini colección de chaquetas estilo torero confeccionadas con telas descartadas por Grafa. Eran unas lonas que se habían usado para limpiar las impresoras y les sumamos pasamanería de colores y metales. Por supuesto cada pieza fue un original. Seguí este camino de aprovechar lo disponible y pude crear muchas piezas de diferentes formas y funciones, casi siempre basadas en el pre-concepto de ser “ropa”.

~ ¿Cuál es el proceso de investigación y el desarrollo de una idea?

Vivo mirando y a veces fotografío (tengo miles de fotos que ahora estoy editando para un libro de imágenes). Siempre he sido una persona muy visual y también uso mucho mi intuición consciente para capturar y entender el significado de las cosas. Mi investigación siempre está circunscripta a la construcción, a entender cómo un material naturalmente se resuelve a sí mismo o se relaciona con otro para configurar una relación relajadamente natural. Para mí una idea nace (o se lee) espontáneamente de algo que ya existe y que sugiere una solución a un problema, por eso me dedico al diseño.

~ ¿Cómo fue tu formación?

Mi formación original fue muy académica: dibujo y pintura con Carlos Asiain en Paraná, arquitectura en Santa Fe y en la UB. Me hubiese gustado estudiar diseño industrial, pero como no estaba disponible me incliné hacia la arquitectura, porque siempre me gustó el dibujo y la estructura de una pieza. Mi transición a la moda fue natural, siguiendo la idea de crear “espacio”, tal vez el más próximo al cuerpo.

~ ¿Con qué información contabas cuando iniciaste este método?

No recuerdo haber encontrado información específica acerca de reciclaje en moda hasta que vi el desfile de Martin Margiela en fotos. Estaba en etapa súper experimental, pero que en Europa fuera considerada por la crítica me dio mucha confianza. Mi primer viaje a Londres fue dedicado a tratar de entender otra cultura, una que veíamos en las revistas del momento, como “The Face”. La perspectiva desde Londres me re-ubicó en el mundo y entendí que necesitaba estar afuera de mi comfort para crecer como artista. Elegí New York para vivir porque apenas llegué sentí que la energía de tanta gente de tantos lugares y la implícita libertad de esta ciudad me ofrecía la posibilidad de ser quien era, sin tener que justificarme.

~ ¿Cómo era el contexto “moda” cuando comenzaste tu método de diseño?

El formato “moda” fue novedoso y por eso a una generación de artistas frescos de la democracia nos resultó ideal. La transferencia fue natural a la pasarela como reivindicación y proyección de la vida que queríamos vivir y mostrar: un poco escandalosa, muy personal, totalmente original. La pasarela se convirtió en vida, o en extensión de mi vida, cada minuto fue moda y fue arte. Con la ilusión de crear una salida más comercial y tal vez encontrar una manera de “ganarnos la vida” algunos artistas de la moda, luego de la exposición que nos dio la Primera Bienal de Arte Joven, creamos espacios generadores de energia y cultura. El “Su Puesto de Moda” en el Mercado Retiro, un espacio que tuvimos con Gabi Bunader, fue un precursor de muchos proyectos de recuperación de espacios públicos que habían estado dormidos. Estos espacios fueron paralelos a otros “más de la noche”, como el Bar Bolivia o el Parakultural, que nos ofrecieron la posibilidad de compartir en seguridad nuestro modo de vida.

~ ¿Qué significado tuvo “reutilizar” en las décadas de 1980, 1990 y 2000?

Esos años porteños fueron tan potentes que originaron mucha cultura. Ofrecieron una sinergia y era evidente la necesidad de creación de plataformas para educar nuevas generaciones específicamente en moda y textiles. Muchos de los artistas de los 80 naturalmente fuimos invitados a círculos más organizados como la FADU. Susana Saulquin pudo leer la seriedad y convicción debajo de las ropas rotas y los pelos raros. Así comenzó otra etapa, cuando empecé a pensar en cómo aplicar mi método de diseño y creación a una estructura comercial. Con los diseñadores Kelo Romero y Gabi Bunader creamos el proyecto-estudio ITS (I Think South) con la idea de mostrar y vender nuestro trabajo fuera de Argentina, concientes de que aún no existía el mercado interno. Apuntamos al norte y terminamos los tres viviendo en New York en 1993.

~ ¿Por qué elegiste trabajar con basura?

No lo sé. Siempre me fascino lo descartado, lo decolorido, lo roto, lo abandonado. Siempre vi la belleza contenida en algo olvidado.

Valeria Mazza: “No existe más el 90-60-90; hoy la moda habla para todos y todas”

Fuente: La Nación ~ Recibió al programa de LN+ en Finca Valeria, su paradisíaca chacra de Manantiales, donde comparte días de descanso con su marido y sus hijos; habla de su profesión y de su reciente polémica con Pancho Dotto

PUNTA DEL ESTE.- Campo uruguayo. “Estamos detrás de La Barra”, especifica la anfitriona. Valeria Mazza acaba de llegar de un almuerzo en José Ignacio y pide unos minutos para cambiarse. Invita a una caminata por el amplio parque, que incluye una laguna artificial. “Cuando vinimos acá, todo estaba pelado. La mayor parte de lo verde que ves lo plantamos nosotros”. Aunque su casa está a unos cinco kilómetros de la playa asegura que le encanta acercarse al mar cuando el clima lo permite. “No pasamos aquí mucho tiempo; llegamos a estar un mes o un mes y medio en todo el año. Pero los momentos en los que estamos acá somos muy felices”. Muestra con orgullo las distintas especies que plantaron (hasta hay viñedos) y le dedica un párrafo a la imprevista fauna que habita su chacra. “Convivimos aquí -detalla- con un montón de animales. Tenemos carpinchos, lagartos de tamaño interesante y hasta zorrinos que de vez en cuando nos dejan su olor”.

A continuación, parte de la entrevista con Valeria Mazza que se vio anoche en Hablemos de otra cosa.

-¿Por qué elegís Punta del Este?

-Para mí lo bueno es que tiene para todos los gustos: playa, campo, una vida muy hot, sociable, fiestas, noche. O una vida supertranquila. Nosotros vamos intercalando y haciendo un poco de todo lo que nos brinda Punta del Este.

-¿Qué te acordás de tus veranos más antiguos?

-Tenía cuatro años cuando nos mudamos a Paraná y allí es donde tengo todos los recuerdos de mi infancia y adolescencia. Mi padre trabajaba en turismo. Nosotros viajábamos muy poco en verano. Mis veranos eran ir al club y la playa. Yo me crié en el río. Desde los seis años que nadaba. Y entrenaba todos los días. Almorzábamos, dormíamos la siesta y a la tarde íbamos al club. Mi hermana Carolina, dos años mayor que yo, jugaba al tenis. Así se pasaba la vida. Una vida felicísima. Llena de amigos, muy tranquila.

-¿Querías estudiar terapia ocupacional?

-Yo quería trabajar con personas con discapacidad, ser maestra, trabajar con chicos. Siempre me gustaron los chicos [tiene cuatro hijos]. Así que pensaba que iba a hacer algo al respecto. Después empecé a pensar en psicología, me gustaba mucho. Cuando tenía trece años participé como voluntaria de unas olimpíadas especiales, que brindan entrenamiento y competencia deportiva para personas con discapacidad intelectual. Para mí fue un antes y un después. Eso realmente marcó mi vida.

-¿Por qué surgió entonces ser modelo?

-Porque mi hermana mayor ya había hecho algunos desfiles en Paraná. Después me empezaron a ofrecer a mí. Pero no era un trabajo. Era una diversión, de vez en cuando. Éramos un grupito de chicas que hacíamos cinco o seis desfiles por temporada. Y una vez hice un desfile que se llamaba el Desfile de las Estrellas.

-Y ahí apareció Roberto Giordano.

-Claro, en el Desfile de las Estrellas había invitados de Buenos Aires. Y entre ellos estaban Roberto Giordano, Mirtha Legrand, el Lole Reutemann.

-¿Siempre fuiste alta?

-Siempre. Desde los 13 que mido como ahora: 1,78 . Y eso para mí en ese momento era un sufrimiento.

-No te sacaban a bailar.

-¡Nunca! Planchaba siempre. Y tengo mis fotos de cumpleaños de quince, donde se me ve más alta que los chicos. Yo en el colegio siempre me sentaba en la última fila, formaba atrás.

-¿Qué edad tenías cuando viniste a Buenos Aires?

-Tenía dieciséis años. Carolina Pelleritti, que ya era modelo top, nos presenta con Alejandro.

-Alejandro Gravier, que después fue tu marido.

-Me lleva diez años. Y en un principio yo decía: “No, no, es un viejo. Es muy grande para mí”. Yo tenía dieciocho.

-Pero ¿quién es el maduro de la pareja?

-Los dos. Nos complementamos muy bien. Y formamos un buen equipo. Entre de novios y casados, ya hace treinta años que estamos juntos. Siempre me cuidó y la estrategia la hacíamos juntos. Yo pongo la cara y él organiza por atrás. Pero lo más importante de Alejandro es que logro la estabilidad emocional con él.

-¿Cuándo empezaste a venir a Punta del Este?

-En el verano de 1989-1990. Cuando terminé el cole. Soy egresada del año 1989 y ese fue el primer verano que vengo con Pancho Dotto. Vivíamos en un departamento en Roosevelt, con dos modelos más, Pancho, el novio de una de las modelos, que era tremendo.

-Después Dotto se expandió y tenía una finca entre La Barra y José Ignacio.

-Fue el único verano que yo viví ahí. No conocía Punta del Este. Nunca había estado. Después empecé a venir con Alejandro, con amigos. Pancho armaba su circo porque era el momento de presentación de todas sus chicas. No existía la comunicación como hoy. Ahora, a través de redes sociales, si querés no necesitás ni siquiera agencia. Todo va a través de las redes. En ese momento tenías que armar circo para exponerte y que las revistas te publicaran una foto. Y había que producir todo un poco más.

-Dotto fue el armador de esa selección de chicas de los noventa. Y con el paso del tiempo hubo fricciones o él dijo cosas. ¿Por qué?

-Yo no sé por qué. Si me preguntás qué me pasa a mí, me duele, porque en mi historia siempre aparece Pancho. Y lo cuento con mucho respeto y cariño. Me sorprende y me duele terriblemente que salga a hablar mal sin antes tomarse el trabajo de llamar por teléfono. Yo no tengo necesidad de hacer públicas las cosas privadas. A no ser que esté buscando algo más.

-¿Qué reclama?

-No sé cuál es el reclamo, no entiendo qué le pasa ni por qué está ofendido. A mí no tiene absolutamente nada que reclamarme. A no ser que le duela que hoy no tengamos una amistad como teníamos en su momento. Que haya algo más emocional y sentimental. En el tema laboral, no hay reclamo. Todas las que estábamos con Pancho en algún momento nos fuimos.

-No por pelea, sino por simple evolución natural.

-Exacto. Él tenía un ojo clínico para decir quién podía trabajar y quién no. Quién tenía futuro en el mundo de la moda. Un ojo clínico fantástico. Pero después evidentemente nosotras crecíamos a tal punto que necesitábamos otra cosa.

-Cuando vos irrumpís empieza a cambiar el negocio de la moda, los desfiles se vuelven más show.

-Creo que en los noventa las modelos se pusieron de moda. Gianni Versace fue un diseñador que impulsó mucho el fenómeno de las supermodelos.

-La moda se convirtió en otra cosa.

-Es que la mujer ocupaba otro rol en la sociedad. Antes la moda era un servicio a la mujer que estaba en la casa. Consumía o soñaba con lo que veía en una revista y después podía reproducirlo porque se suponía que las mujeres cosían, cortaban, bordaban, tejían.

-Las modelos, que eran mudas, empezaron a hablar.

-Empezó a tomar personalidad o a mostrarla. Es en los noventa: ya no solamente en la pasarela, sino que las modelos llegan al cine, a la televisión, empiezan a ocupar otros espacios.

-Vos agarraste la ola inicial.

-Agarré la ola, exactamente. Y a mí se me abrieron un montón de puertas. No hablaba inglés cuando viajé la primera vez. Me acuerdo de estar en un casting en Italia y me decían: “Karina, Karina”. Y yo decía: “Karina no, Valeria”. Pero carina quiere decir “linda” en italiano. Y hoy hablo italiano aunque nunca estudié. Lo mismo el inglés. Hablaba lo básico. Fui creciendo, a los golpes. Pero siempre con mucho entusiasmo. Aprendí a surfear de chica, un poco porque la mayor parte de mi carrera la hice en el exterior.

-Vos dijiste una frase que es muy interesante: “No vale la pena enfermarse para entrar en un vestido”. Y hay luchas denodadas por entrar en un vestido. No sé si ahora eso aflojó un poco.

-En la moda, cuando vos llegás a hacer un desfile en Milán, París, Nueva York, tenés que entrar en el vestido o no hacés el desfile. Supongo que es como el boxeador antes de la pelea, que se sube a la balanza y que tiene que pesar lo que tiene que pesar. Un deportista en la pretemporada se pone en forma. Lo mismo un bailarín. Una modelo cuando empieza la época de desfiles se tiene que poner a punto.

-¿Qué hacer con los patrones hegemónicos de belleza?

-Hoy no hay tanto estereotipo. Una cosa es la modelo que se quiere dedicar a esto. Y otra son las mujeres que consumen moda, que nos gusta vernos bien. Te diría que lo tenés que ver desde el lugar saludable, de que todo lo que consumo influye en mi físico, en mi bienestar, en mi piel. Entonces me empiezo a cuidar ya, porque quiero estar sana. Hay que comer sano, tener actividad física.

-Los nuevos paradigmas de género, de igualdad de la mujer, ¿qué nuevos desafíos plantean a tu profesión?

-No existe más el 90-60-90, y la mujer ocupa en la sociedad un lugar completamente distinto que veinte, cincuenta o cien años atrás. Hoy la moda habla para todos y todas.

Dante Sica: “Nuestro sistema laboral es obsoleto y no pudimos reformarlo”

Fuente: La Nación ~ A pocos días del cambio de gobierno, al Ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, se lo ve distendido, aunque ante la pregunta sobre cómo está responde: “Con pena”.  Tanto él como otros funcionarios sienten que formaron parte de un proyecto que quedó trunco. Aunque se esfuerzan por comunicar algunos logros, como la mejora en la calidad institucional, la transparencia en el manejo y los números de las políticas públicas y la modernización de procesos y dependencias estatales, son conscientes de que el ciudadano de a pie sufrió en carne viva la merma del poder de compra, por la alta inflación no acompañada por los salarios.

La gestión macrista se retira con un 40,8% de la población en situación de pobreza, según la medición de la Universidad Católica Argentina ( UCA) al tercer trimestre del año. El índice era del 28,5% en 2015. La pobreza había superado el 40% entre 2001 y 2006 y luego bajó paulatinamente. En el segundo semestre de 2017 llegó a 25,6%, siempre según la UCA, pero ya a partir del segundo trimestre de 2018 todo se complicó.

Según Sica, en materia económica se consideró prioritario estabilizar la macro y bajar la inflación; para ello se utilizaron como instrumentos las altísimas tasas de interés. Pero se enfrió la economía, tal como se evidenció en la estadística que habla de la caída de la industria y la baja del uso de la capacidad instalada, entre otros indicadores. Las consecuencias de esa disminución del nivel de actividad son el aumento de la tasa de desempleo, que llegó a los dos dígitos, y del índice de pobreza, dos indicadores que muestran una estructura social resquebrajada desde hace décadas, pero cuyo deterioro se profundizó a partir de abril de 2018. La feroz sequía que afectó la campaña agrícola ese año y las condiciones externas influyeron en la falta de recursos para pagar los monumentales gastos del Estado, entre ellos, los más de 4 millones de empleados públicos que hay en todos los niveles, apenas dos millones menos que los asalariados privados registrados.

Con 60 años, Sica planea volver a la actividad privada aunque dice tener fuerte vocación por la función pública. No dejará de integrar el espacio de Cambiemos y no se tomará mucho tiempo de vacaciones, algo que sí piensan hacer varios funcionarios del gobierno saliente que se declaran agotados. Quien deja la cartera de Producción declara que se tomará solo unos días en los que despuntará su pasión por andar en moto, para luego volver a trabajar.

-¿Cómo está transitando esta etapa de fin de gobierno?

-Bien… con pena, porque teníamos mucha expectativa de poder continuar con los cambios que veníamos haciendo. Siempre cuando se empiezan procesos de cambio, de transformación, los primeros años son los mas duros y son en los que existen los mayores costos en términos de sacrificio. Estábamos preparados como para ya empezar a ver los resultados. También para acelerar otros cambios relacionados con la modernización de las relaciones laborales y la baja del famoso costo argentino, es decir, mejoras en la competitividad. Nos quedamos ahí.

-¿Cuáles son los logros que ve en la gestión?

-Mirando los resultados parece que los logros son menores, porque hemos enfrentado una recesión muy fuerte durante este último año y medio. Hubo una mejora de calidad institucional muy importante en términos del manejo del Estado, de la transparencia en el sistema de información, de la transparencia en el diseño y la ejecución de la política pública. Se deja una vara institucional muy importante y cimientos sobre los cuales debería trabajar la próxima administración.

-¿Y desde la mirada productiva?

-Hay una Argentina mas integrada al mundo, mas competitiva. Abrimos mercados internacionales que estaban cerrados para muchos productos agroalimentarios. También recuperamos la capacidad energética y pasamos de tener un sector deficitario a uno que cierra en equilibrio. Si continuara el proceso de inversiones, seguramente el año próximo puede ser un sector exportador. Se mejoró la infraestructura. Hubo una desburocratización de la ejecución de programas de política pública y de otros que agilizaron el comercio exterior, entre otros avances.

-¿Y los problemas que enfrentaron?

-Claramente también hemos tenido problemas. Creo que la macro no nos ayudó a que los resultados que podemos observar sean mucho más satisfactorios con respecto a lo que eran nuestras expectativas. La recesión impactó sobre el crecimiento que habíamos tenido en materia de creación de empleo. Si se mira sin la distorsión del Indec de la era kirchnerista, no hemos podido bajar la tasa de desempleo de los últimos 10 años, que ha estado en alrededor de 10% (actualmente está en 10,6%, según los últimos datos del organismo oficial). Si bien tuvimos dos años muy fuertes de creación de empleo, 2016 y 2017, ya en 2018 la tasa de creación bajó. Y también la calidad del empleo generado fue menor. La Argentina tiene hoy 9 millones de ocupados (asalariados), de los cuales 6 millones tienen empleo formal; hay 3 millones de cuentapropistas y monotributistas, pero tenemos 4 millones y medio de trabajadores informales. Cuando se mira el último año, la Argentina creó empleo, pero más informal que formal.

-¿Cree que podría reinstalarse la doble indemnización?

-No sabemos qué se va a hacer… hubo declaraciones de los sindicatos y de los empresarios, que no la esperaban. Dependerá de las políticas del nuevo gobierno. Para mí no es un instrumento aconsejable para frenar una caída de empleo.

-¿A qué sectores ve con mayores dificultades?

-La recesión del año pasado golpeó especialmente a los eslabones mas débiles, que son las pymes. El sector más perjudicado fue el industrial. El textil, el de calzado, el metalmecánico. El calzado deportivo tuvo una caída fuerte porque eran multinacionales que hacían ensamblado y que se habían instalado y crecido sobre la base de barreras comerciales. También estamos viendo una dinámica distinta en el sector del comercio. El 50% de los empleos perdidos no fue por caída de la demanda, sino por el cambio tecnológico, por el avance del comercio electrónico. Hay que trabajar en programas muy fuertes de formación y readaptación profesional.

-Las altas tasas de interés, ¿generaron recesión?

-Eran el instrumento que necesitábamos para equilibrar la macro en el medio de dos efectos externos, que fueron la sequía y el cierre de los mercados internacionales, que a nosotros nos golpeó mucho mas que al resto de los países emergentes porque éramos mas débiles macroeconómicamente.

-¿Por qué?

-En parte, por la herencia que recibimos. Y también por errores propios, como fue nuestra descoordinación o nuestra inconsistencia monetaria y fiscal de los primeros años. Eso nos obligó, para poder equilibrar la macro y el tipo de cambio, a tasas de interés muy altas. Claramente, el costo que pagamos fue un impacto muy fuerte en el nivel de actividad y en el nivel de expansión de las pymes. En un mercado de capitales que ya de por sí es muy chico, se agudizó la falta de financiamiento del sector.

-¿Considera que se podría haber tenido otra política de tasas?

-Quizás uno debería mirar distinto; mirar no el momento en que las tasas saltaron, sino antes… mirar las inconsistencias que tuvimos durante los primeros años. En parte las pagamos cuando en un momento de crisis tuvimos que poner tasas tan altas para poder equilibrar la macro. En el corto plazo también tenías un trade off, la tasa alta nos permitía equilibrar el tipo de cambio. Es imposible tener una micro exitosa en una macro desequilibrada. El impacto de la tasa de interés sobre el financiamiento de las pymes fue un efecto colateral producto de la necesidad de poder darle una estabilidad a la macro.

-¿Esa acción llevó a la fuga de votos?

-Más bien fue la caída del salario real. Si se mira la recesión en profundidad, es muy similar a la de 2009 y 2014, lo que pasa es que fue mas larga. El esfuerzo que tuvimos que hacer para poder equilibrar una macro que traía mas de 50 o 60 años de desequilibrios crónicos, y hacerlo tan rápido y en tan corto plazo, creo que fue un sacrificio muy fuerte, en especial para los sectores medios.

-¿Se podría haber intentado el equilibrio de la macro de otra manera?

-Siempre hay una posibilidad. En políticas de estabilización no hay un manual de cuál es la única variante, porque tienen que ver también las condiciones externas y las condiciones políticas internas. Es cierto que también hubo cierta subestimación de la herencia que recibimos y, por otro lado, una sobreestimación con respecto a la velocidad con la que nosotros podíamos hacer las correcciones en el corto plazo. Durante la crisis, a partir de abril de 2018, si bien veníamos de una economía en crecimiento, todavía las condiciones macro no eran sustentables.

-¿Cómo fue la relación con los sindicatos?

-Un gran instrumento de gestión fueron las mesas sectoriales, que nos permitieron construir un proceso de diálogo importante, ya que además Cambiemos no tenía mayoría parlamentaria. Pudimos sentar a los sindicatos, cámaras empresariales y organismos públicos en la misma mesa. Con la dirección y comandadas por el Presidente, en muchos de los sectores íbamos logrando eliminar barreras que, mientras maduraban las reformas más estructurales, permitían mejorar la competitividad. El caso paradigmático fue el de Vaca Muerta. Pero también trabajamos muy bien en el sector automotriz, en metalmecánica, en maquinaria agrícola… gestionamos mas de 50 mesas. Esta posibilidad de diálogo fue importante.

-Sin embargo, aunque en algunos casos hubo consenso en las mesas, ninguna de las leyes laborales que se enviaron al Congreso, la de blanqueo entre ellas, salieron de las comisiones.

-No pudimos avanzar porque las condiciones políticas impactan, pero en especial por el comportamiento de los sindicatos, que por ahí te dicen que es cierto que hay que hacer algunos cambios, pero que no es el momento político. Siempre tuvimos un muy buen diálogo con todos los sectores sindicales. Agilizamos el proceso de homologación de convenciones colectivas, marcamos nuestra orientación, pero no utilizamos el proceso de homologación para forzar o presionar. Lamentablemente, siempre nos faltaba el pasito para poder avanzar en tener el consenso general, en especial de la CGT, y lograr reformas más estructurales. Muchas veces te acompañaban en el diálogo, pero en el momento de terminar de dar esa posición, no lo conseguíamos El diálogo tiene que lograr después el consenso legislativo y, en eso, nos quedamos en el camino.

-¿Fue por razones políticas?

-Claramente, sí. Este es el primer gobierno en 100 años no peronista, sin mayoría en ambas cámaras, que va a terminar el mandato y va a entregar el gobierno el 10 de diciembre, como corresponde. Es un hecho institucional inédito en la historia política argentina. Creíamos en la construcción a través del diálogo, pero faltó ese último escalón: poder plasmar los acuerdos en leyes. Es una pena, porque con el tema del blanqueo, por ejemplo, perdió el trabajador.

-¿Qué reformas estructurales cree que faltaron?

-Nuestro sistema laboral es obsoleto, no se adecúa a las nuevas formas de producción y de empleo que se están generando en el mundo. Tiene una mirada más puesta en la protección del puesto de trabajo que en la protección del trabajador. Son leyes y convenios que datan de la década del 70 y que están muy lejos hoy de responder a la dinámica productiva, a la generación de las nuevas formas de empleo.

-¿Podría dar un ejemplo?

-El gran motor de creación de empleo son las pymes. El 50% del nuevo empleo lo generan las nuevas pymes, no las establecidas. Un empresario que ya tiene que lidiar con la incertidumbre del ciclo económico, con la evolución del tipo de cambio, con la evolución de la demanda de su negocio, también tiene incertidumbre a la hora de contratar. Si lo hace en términos formales pero le va mal, porque el negocio no da, y a los 5 meses tiene que despedir a los trabajadores que había contratado , hay una galimatía legal de leyes que se vienen superponiendo en los últimos 25 años.

-Y también fallos.

-La justicia en general es un gran jugador en este sentido. Los fallos y las leyes que se van superponiendo y que en teoría estaban pensados para proteger al trabajo formal terminan atentando contra la generación de empleo. Volviendo al ejemplo anterior, a lo mejor tenés un trabajador durante solo 5 meses, pero entre las multas y los juicios, si el empresario pyme lo despide, termina pagando entre 20 y 30 sueldos, con lo cual se funde. Por esto, ante la incertidumbre terminan contratando empleo informal y no formal, o no contratando. He estado con empresas muy vigorosas que toman hasta 80 personas porque entonces tienen dos delegados y dicen que con una persona más tendrían que tener tres y que se les complica la operatoria con los sindicatos. Son pymes de 35 trabajadores, por ejemplo, con tres sindicatos, con escalas que generan distorsiones y presiones sobre los costos, pero no los salariales sino extrasalariales. Todo esto complica la gestión de la empresa. Podemos nombrar millones de cosas.

-¿Cómo se imagina una reforma laboral?

-No existe algo así como una reforma laboral. No es que mañana va a haber una ley que hará un cambio que contemple todas las dificultades que hoy tiene el mercado laboral argentino. En la Argentina hay tres mercados laborales distintos: uno dinámico que genera empleo formal y altos salarios, pero que es para el 10% de la población económicamente activa. Son los sectores exportadores, de energía, de servicios basados en conocimiento, entre otros. Luego está el mercado laboral mas tradicional, casi estancado, donde hay problemas de informalidad y desocupación y, en general, son pymes. Después, hay un mercado totalmente rezagado donde están el grueso de los problemas de informalidad y de desocupación.

-¿Cómo cree que se logran cambios que perduren?

-Hay que modernizar el sistema laboral argentino. Esto implica desarmar la industria del juicio y actualizar los convenios colectivos. Por ejemplo, los conceptos de ultraactividad (que conserva las cláusulas de los convenios anteriores) y de solidaridad, para que haya una mejor empleabilidad. Y tenemos que generar nuevas categorías laborales. La Argentina tiene dos categorías: o sos trabajador dependiente o sos autónomo. Pero también está el trabajador de plataforma, el autónomo pero económicamente vinculado, etcétera.

-¿Fue un error que el Ministerio de Trabajo se haya unificado con el de Producción?

-No. La potencia que tiene haber unificado estos dos ministerios permite actuar con instrumentos mucho más completos para poder ver la realidad de todo el proceso. Antes, Producción parecía ser el ministerio de los empresarios y Trabajo, el de los trabajadores. Eran esferas que no dialogaban. Hemos cerrado sin conflicto el 90% de las convenciones colectivas y unificamos instrumentos para amortiguar el impacto de la crisis en muchas empresas.

-¿A la economía la llevaba el Presidente?

-Él opinaba y se metía mucho. Es una persona que sabe preguntar y un gran conductor de equipos. Estaba muy involucrado en las mesas de diálogo, entre otras, relacionadas con la desburocratización. Lo he visto sacar gente por no haber cumplido.

-¿Qué piensa hacer de ahora en más?

-Me voy a tomar un tiempito de descanso; no meses, me aburro si no trabajo. Hace 20 años que no me tomo vacaciones. Me tomo enero. Voy a aprovechar para ordenarme un poco, salir a andar en moto, que me gusta, y en febrero vuelvo a la actividad privada como consultor. Tengo que ver los cánones de la ley de ética pública, que dicen que durante un tiempo no puedo tener contrato con empresas sobre las que yo actué. Me encanta la función publica, me hubiera gustado no irme. Si alguna vez tenemos la oportunidad, me gustaría volver. En estos días tenés mucha demanda para sacar las cosas que estaban por salir y también hay que decir que siempre hay un vivo que te pide las cosas imposibles porque, total, ya te vas”. Yo les digo que sí, que me voy, pero que me llevo mi nombre.